miércoles

Miremos La Honradez de los Líderes Mormones

Creemos en ser honrados, verídicos, castos, benevolentes y en hacer el bien a todos los hombres; en verdad podemos decir que seguimos la admonición de Pablo: Todo lo creemos, todo lo esperamos; hemos sufrido muchas cosas y esperamos poder sufrir todas las cosas. Si hay algo virtuoso, o bello, o de buena reputación, o digno de alabanza, a esto aspiramos. Articulo de Fe No.13


Hablando de HONRADEZ Y VERACIDAD...


Mark nació y creció como mormón - niñez en la Organizacion Primaria, Hombres Jovenes, Sacerdocio Aarónico, Seminario e Instituto, clases de Escuela Dominical, etc. - y como todo fiel varón, tan pronto recibió el Sacerdocio de Melquisedec y se ordeno como élder, el Élder Mark Hofmann cumplió sus dos años de servisio misional en el sudoeste de Inglaterra, regresando en 1976.



Luego, habiéndose casado en 1979, se dedico a formar una familia con su agradable esposa; exteriormente Mark parecía ser un buen hombre joven mormón. Sin embargo, Mark tenía un lado tétrico y encontró un blanco fácil en la iglesia mormona y su mitología.



Desde sus inicios, los fundamentos primitivos de la historia de la iglesia mormona han estado envueltos con afirmaciones de fraude, engaño, magia folclórica y misticismo. Además, desde inicios del siglo XX, la iglesia mormona actual establecida en Salt Lake City ha estado tratando de distanciarse de aquellos hechos, declaraciones, afirmaciones, registros y al mismo tiempo buscan proveer una explicación “divinamente legítima” para su establecimiento.



Mark Hofmann entro al fértil campo mormón de acres y acres de necesidad urgente por proteger la historia oficial de la iglesia a cualquier costo; y Mark tenía un plan para ganar dinero y hacer que la iglesia mormona se viera estúpida, y en ambas cosas tuvo éxito!



La transcripción de Anthon



La primera gran anotación de Mark Hofmann fue la “Transcripción de Anthon”.



Martin Harris, el hombre que financió la primera impresión del Libro de Mormón en 1830, se sentía muy escéptico de invertir dinero sin alguna prueba de la “Biblia dorada de José Smith”. “El profeta” únicamente le hablaba de la maravilla que el ángel le habia revelado y solo le permitía sostener una caja de madera que supuestamente contenía las “Planchas de Oro” de las cuales el Libro de Mormón debía ser traducido, pero esto no fue suficiente para satisfacer al rico granjero; quería tener la certeza de la inversión que haría, aunque fuera para Dios, por lo tanto, lógicamente, él quería más.



Entonces, José Smith, copió los supuestos caracteres de las planchas de oro y Harris los llevó a la ciudad de Nueva York para que los eruditos de ese tiempo validaran los caracteres.



Ese documento, además de los “caracteres” del idioma que José Smith copiaba; contenía una descripción física de las planchas, donde el “profeta” anoto las características de las mismas [8 pulgadas de largo por 7 de ancho y 6 de espesor en el área de sus laminas grabadas mismas caracteristicas que fueron registradas en otros volúmenes de la Historia de la Iglesia por el mismo Smith]; el referido documento, es conocido en la historia como la “transcripcion Anthon”.



Antes de verle partir, Smith le explicó a Harris que los caracteres no eran de ningún idioma conocido, sino que eran de uno al que él denomino “egipcio reformado”.



Finalmente, ya en la Ciudad de NY, Harris encontró a Charles Anthon, un Profesor de griego y latín – en la Universidad de Columbia. Nadie sabe con seguridad lo que sucedió en esa reunión, excepto que Harris regresó afirmando que el Profesor Anthon había identificado los caracteres como egipcios, caldeos, asirios y árabes. [Al menos, esa fue la versión de José Smith y por supuesto, la que se da por oficial hasta hoy día, aunque nadie a podido explicar como es posible que una familia de judíos y sus descendientes usara caracteres en sus registros sagrados de sus supuestos tratos con Dios, de civilizaciones a las que histórica y espiritualmente aborrecen]



Posteriormente, cuando el Profesor Anthon escuchó que los mormones estaban diciendo que él había legitimado los caracteres, escribió una negación despiadada que coloco desde el inicio a José Smith y su “registro sagrado”, bajo la etiqueta del engaño.



La “Transcripción de Anthon,” que Martin Harris había llevado en su viaje, y que supuestamente el profesor de la universidad de Columbia había revisado aquel año, se creía extraviada.



Hasta un día del mes de mayo del año 1980, en que de nuevo “apareció” de la nada, gracias a la “bendición del Señor” y a la talentosa mano de Hofmann.



Los Hermanos de Salt Lake City estaban menos que extasiados cuando recibieron la portentosa buena nueva. Se cuenta que cuando Gordon B. Hinckley entro a la oficina de Spencer W. Kimball con el documento cuidadosamente envuelto en un plástico especial, estaba prácticamente llorando de felicidad. Nathan E. Tanner primer consejero de la presidencia estaba boquiabierto y el Élder Boyd K. Packer sonreía imaginando el revuelo que ocasionaría en Utah primeramente y luego en el mundo entero la aparición de la legendaria transcripción.



Este “hallazgo increíble” abrió de par en par el interior de la oficina principal de la iglesia mormona para Hofmann. El presidente Kimball le abrazo al tiempo que le agradecía por su apoyo y desinterés. Luego, para Hofmann, todo sería hilar y coser durante algunos años dorados.



El Presidente Kimball pidió que se convocara a los miembros del Quórum de los Doce lo más rápidamente posible a fin de hablar de la bendición derramada sobre los hijos del reino.



Mark engañó por completo a todos los líderes superiores de la iglesia mormona y se llevó entre $20.000 y $30,000 dólares fácilmente por su esfuerzo engañoso; una suma bastante atractiva en 1980.



Hoffman no tan sólo se burló de los líderes, sino que puso a sus pies el poder absoluto de la “nomenklatura” de la iglesia mormona y con ello, se aseguro un festín de privilegios y recursos.



La Carta de Salamandra



Hofmann se sintió gratamente reconfortado y lleno de satisfacción, observo el paso de los días siendo el delfín de los “hermanos” de la manzana del Templo. Todos los que estaban al tanto de la aparición de ese documento que situaría finalmente a la iglesia frente al mundo en su real papel de la Iglesia verdadera – ya no habría dudas ni preguntas sin respuestas. José Smith, el martirizado profeta sería entronizado finalmente – trataban a Mark como un verdadero ejemplo de fe y revelación viviente.



Mark ideo varios documentos de la más diversa índole, entregando a los Hermanos de Utah en febrero de 1981 – una copia de puño y letra del mismo Profeta Smith – de la “Bendición patriarcal de Joseph Smith III”, que el entonces aun niño recibió de su padre y donde el mismo fundador del mormonismo dejaba por escrito y firmada la bendición misma que señalaba la re-inauguración del orden patriarcal para encabezar el liderazgo de la Iglesia a través de su sangre, tal como en la época de Abraham y su descendencia. En esa bendición Joseph Smith señalaba que su hijo sería el siguiente profeta por designio y revelación del Señor.



Este documento siempre fue objeto de temor por Brigham Young y John Taylor quienes presenciaron la referida bendición de manos del mismo “Profeta” Smith y que sabían que aquella designación puesta en papel, no solo los desnudaba como impostores y mentirosos, sino que podía causar una deserción en masa de la gente que les seguía.



De hecho, fue esa certeza, de presenciar ellos mismos que la bendición fue otorgada; lo que realmente hizo que Brigham Young buscara alejar a la gente de la zona de Illinois y Missouri, y llevarles al entonces desierto de México, con lo cual Young, los sobrevivientes del Quórum de los Doce y sus seguidores terminaron saliendo de las fronteras de los Estados Unidos de América y fundando un estado independiente al que llamaron Deseret y que finalizo siendo llamado Utah al convertirse en parte de la expansión estadounidense en el siglo diecinueve.


Mark Hofmann recibió entre diez mil y veinte mil dólares por el descubrimiento del incomodo documento en el cual el liderazgo de Salt Lake City esperaba obtener una pista de cómo invalidar las pretensiones de la Iglesia Reorganizada que hasta hoy día dirigen los descendientes de Joseph Smith en Missouri.



Cabe hacer mención que el documento original siempre se ha asegurado, estar en poder de la Iglesia Reorganizada ya que Emma Smith se llevo con ella las posesiones personales, los diarios y registros originales del “mártir” mormón; y son esos documentos el tesoro histórico sobre el cual descansa la autoridad legal de la Iglesia Reorganizada, entre ellos, por supuesto, la bendición dada por el mismo Joseph Smith.



Entre los documentos que oficialmente y a través de otros, Mark Hofmann entrego a los líderes de la Iglesia se encontraban:



• Marzo de 1981.- “Valley Notes” certificados usados como dinero entre los mormones en los primeros días de Nauvoo, Illinois. Hofmann recibió más de $20,000 dólares por estos documentos.



• Marzo de 1982.- “El Testimonio de Martin Harris”, este falso “hallazgo” fue mezclado con otros documentos históricos reales. ¿Costo? $25,000 dólares.



• Julio de 1982.- “Carta Lucy Mack”, otro falso “hallazgo” que igualmente fue mezclado con otros documentos históricos reales. ¿Costo? Más de $30,000 dólares.



• Septiembre de 1982.- “Maid of Iowa” Boletos para transporte en bote por el rio. Hofmann recibió $7,500 dólares.



• Enero de 1983.- "Stowell Money-Digging Letter to Joseph Smith". Este documento fue llevado a la Iglesia por Hofmann y rápidamente capto la atención de los “Hermanos” ya que era la evidencia documental de que José Smith en efecto realizaba labores de buscador de tesoros como los relatos de la época del “Profeta” testimoniaban.



Cuando Gordon B. Hinckley entrego a Hofmann $45,000 dólares en efectivo, tan pronto tuvo en sus manos el “hallazgo documental” le dijo a Hofmann: “Esta carta nunca vera la luz del día”.



Entonces, en enero de 1984, llego la “Carta de Salamandra.”



Toda la “traducción” del Libro de Mormón ha estado desde sus inicios impregnada de misticismo y fraude. Sabiendo esto, Mark Hofmann ideó una carta que hacía juego perfectamente con aquellas afirmaciones y utilizo la inseguridad y el miedo de los líderes para sondear las oportunidades.



La carta “...sonaba más como un cuento de hadas de los hermanos Grimm que una clase de escuela dominical; jarrones con monedas o dinero protegidos por espíritus, piedras de videntes, hechizos encantados, “gafas” mágicas, fantasmas amistosos. ¡Y en lugar de un ángel benévolo, un “espíritu viejo” irritable y tramposo, que se transforma en una salamandra blanca!” — The Mormon Murders, p. 127



Para no involucrar directamente a la iglesia mormona en la adquisición de este documento altamente comprometedor (demasiada publicidad negativa), Hoffman logró hacer un trato con un “miembro fiel,” un hombre rico de negocios llamado Steve Christensen, para comprar el documento y así evitar que cayera en “manos equivocadas”.



La idea era permitir que el tiempo enfriara el interés en el documento para que luego Steve pudiera donarlo a la Iglesia, y así asegurarse un lugar prominente para él y su familia en el Reino Celestial en la vida futura. Hofmann se embolso según las investigaciones posteriores una cantidad cercana a los $50,000 dólares en aquel año de 1984.



Luego llegaron dos “descubrimientos” más (o “hallazgos” como gustaban definirlos el Élder Boyd K. Paker y el entonces consejero Gordon B. Hinckley) de documentos relacionados con eventos de los orígenes del mormonismo, en este orden:



• Octubre 9 de 1984 – "La carta Betsy Ross" por $12,000 dólares y una camioneta todo terreno que salio de una agencia de automotores propiedad de la familia del entonces apóstol Thomas S. Monson.



• Noviembre 10 de 1984 – "Jim Bridger signatures" por un poco más de $10,000 dólares además de gastos de viáticos por $8,000 dólares.



A fines de 1984, con su salud bastante desmejorada, Bruce R. McConkie se entero, vía la indiscreción de otro de los miembros del Quórum de los Doce – Thomas S. Monson – en una reunión del Consejo, que además del “Manuscrito de Anthon”, la iglesia había estado adquiriendo en los últimos cuatro años, diversos documentos históricos que confirmaban o exhibían la historia de la Iglesia.



Cuando pregunto sobre el particular, se encontró con una indispuesta respuesta por parte de quienes habían estado maniobrando en las adquisiciones – Gordon B. Hinckley, Boyd K. Paker, Ezra T. Benson y el Élder Hugh Pinnock [de la Presidencia del Quórum de los Setentas].



El Élder McConkie entonces advirtió al Consejo de los Doce en pleno que aquellas actividades dejaban mucho que desear y les recordó “El Señor no trabaja en las sombras”, cuando Boyd K. Packer y Gordon B. Hinckely trataron de minimizar el asunto alegando que el Presidente Kimball había dado la instrucción de mantener un bajo perfil en el asunto. En respuesta, McConkie azoto con el puño la mesa de reuniones y con su autoritaria voz dijo: “Esto puede destruir los esfuerzos de nuestros misioneros y la fe de nuestros hermanos. Si se llegase a enterar la iglesia ¿Quién dará las explicaciones?”



La Colección McLellin - 11 junio de 1985



“William E. McLellin era un Apóstol primitivo y asociado cercano de José Smith, quien en 1836 se apartó de la iglesia y se volvió uno de sus críticos más amargados. Hubo rumores por mucho tiempo que McLellin, quien guardaba las actas en las reuniones primitivas de los Doce, se había llevado consigo un baúl repleto de papeles, cartas y diarios, todos incriminatorios, con los cuales destruiría a la iglesia. Pero ni la colección misma, ni alguna parte de ella, había aparecido alguna vez. Hasta ahora.” — The Mormon Murders, p. 164



Hasta este año de 1985, Hofmann había tenido prácticamente una línea de crédito abierta con la presidencia de la Iglesia que le entregaba cantidades frecuentes, de manos de Hinckley casi siempre. Esta nueva estafa fue tan mal planeada y pensada, que Mark Hofmann ni siquiera falsificó o diseño los documentos antes de hablar con sus contactos en la iglesia. Él estableció un precio de $185.000 dólares y estuvo involucrando directamente a otras personas además de la iglesia mormona. Para ese entonces Hofmann había contactado a los líderes de la Iglesia Reorganizada para ofrecerles documentos que fortalecerían su posición y por supuesto, le dejarían más dinero.



Para entonces, Hofmann estaba disfrutando de la gran vida. Volaba de ida y vuelta a la Costa Este, casi siempre a Nueva York y a otros lugares relacionados con los orígenes de la Iglesia, “buscando” supuestamente documentos antiguos, “tesoros mormones” y gastando dinero como si su fuente fuera interminable [de hecho lo era hasta ese entonces].



Al mismo tiempo, por esos días, Hofmann buscaba comprar una casa por una suma bastante elevada en una de las zonas más caras de Salt Lake City y de manera ilógica para si posición y “especial trabajo”, empezó a gustar de las atenciones y las luces de la fama.



Se dirigió a las Oficinas centrales de la iglesia mormona y les dijo que necesitaba los $185.000 dólares para adquirir la Colección McLellin. Hugh Pinnock, hizo una llamada telefónica al Primer Banco Interestatal e hizo rápidamente los arreglos para la entrega; Mark sólo tenía que ir a recoger el cheque.



Hoffman también había tomado prestado dinero de varios otros mormones con la promesa de proveer la Colección McLellin.



Buscando manipular varios lados para su propio beneficio, Hofmann noto que el tiempo se le estaba acabando. Mark se encontraba bajo mucha presión para cumplir con sus obligaciones a la brevedad.



Steve Christensen (el comprador de la Carta de Salamandra) nuevamente apareció en escena cuando Mark estaba tratando la entrega de los $185.000 dólares arreglados con la Iglesia.



“Los Hermanos de Utah” habían obtenido la ayuda de Steve para completar la transacción McLellin por medio de un acaudalado Presidente de Misión en Nueva Escocia, Canadá.



En su confundida cabeza, Hofmann pensó que podía bajar la temperatura a la olla de presión que el mismo había encendido, quitando de en medio a Steve y luego haciendo lo mismo con uno de sus socios de negocios; de este modo, ganaría tiempo y distraería a los “Hermanos” de la entrega de la “Colección McLellin” y se permitiría desviar la atención.



Las tres bombas



El día martes 15 de octubre de 1985, - en esa época Ezra T. Benson ya se preparaba para tomar posesión de su nuevo sitio en la Presidencia de la Iglesia, pues era bien sabido que Spencer W. Kimball estaba practicamente agonizando en esos días. Poco faltaba entonces para que Benson tomara su lugar como el nuevo "Profeta, Vidente y Revelador" mormón – los miembros de la Iglesia, la ciudadanía de Utah y la nación entera empezaron a enterarse de manera indirecta de la existencia de Mark Hofmann, los “hallazgos” y su relación con los “Hermanos”.



Dos bombas cegaron la vida de un hombre y una mujer. El hombre era Steve Christensen el contacto y operador de la Presidencia y colaborador directo con Gordon B. Hinckley. La mujer muerta era Kathy esposa de Gary Sheets quien por mala suerte, recibió el paquete que contenía el explosivo y que estaba destinado a su marido.



Ambas bombas de fueron fabricadas rústicamente con tubo; la que fue preparada para el millonario mormón Steve Christensen, fue especialmente brutal, habiendo sido rellenada con clavos de acero con la clara intención de extinguir por completo a su víctima.



Gary Sheets era el objetivo de la bomba número dos; sin embargo, su esposa, Kathy, encontró la bomba afuera de su casa y se convirtió en la desafortunada víctima de su poder mortal.



Mark Hofmann se encontraba en el centro de Salt Lake City, en el proceso de llevar a su destinatario la tercera bomba, cuando ésta estalló prematuramente y él se convirtió en su propia víctima.



Habiendo quedado seriamente herido, pero no muerto, se pensaba al inicio que Mark era una víctima inocente; sin embargo, la investigación claramente reveló que él era el que detonó los explosivos.



Nadie sabe con certeza quién era la victima intencionada de la bomba número tres que estallo ese mismo día, pero las teorías apuntaban a dos personas, Hinckley en primer lugar y Boyd K. Packer en segundo, aunque una especulación más sugería a Hugh Pinnock, el encargado de la caja chica de la Presidencia de la Iglesia y quien proveía a Hinckley del dinero que éste personalmente entregaba en las manos de Hofmann.



Mintiendo por el Señor



Hugh Pinnock, como se mencionó previamente, hizo los arreglos para obtener los $185.000 dólares en el Primer Banco Interestatal para que Mark Hofmann inicialmente comprara la Colección McLellin. El día después de la tercera explosión que hirió a Mark Hofmann, el Élder Pinnock fue interrogado acerca de los crímenes:



…el detective de la policía Don Bell lo interrogó a la 1:12 de la tarde del 17 de Octubre.



“Elder Pinnock, este es el asunto”.- comenzó Don Bell, con su libreta en la mano.



“Esta es una investigación de homicidio. ¿Conoce usted al Sr. Hofmann?”


Pinnock hizo una pausa y reflexionó por un momento: “No, no creo que lo conozca.” – The Mormon Murders pp. 246-247



Una mentira completa a todas luces, hecha por una Autoridad General de la Iglesia, el mismo hombre que siguiendo ordenes de sus líderes [Primero de Kimball y luego de Benson] entrego “dinero sagrado” para comprar documentos “históricos” falsos con el propósito de sostener o proteger el mito mormón.

Cuando KSL-TV reportó a nivel nacional que la iglesia mormona estaba envuelta en la realización de tratos con “hallazgos documentales” y pagos ilegales, una nueva bomba estallo, esta vez en la cabeza de los “Hermanos” líderes de la iglesia mormona quienes enfurecieron.

“La Iglesia está enojada porque dijimos que ellos ayudaron a concertar un pago. Bien, ¡pues lo hicieron! Ellos dicen que fue un individuo y no la iglesia, pero eso es absurdo. Puede que haya sido un individuo el que hizo la llamada, pero fue un oficial de la Iglesia, sentado en su oficina de la Iglesia, en sus horas de trabajo en la Iglesia, utilizando un teléfono de la Iglesia y lo hizo para el beneficio de la Iglesia. Nadie más quería la Colección McLellin excepto la Iglesia. Y el presidente de misión de Nueva Escocia no colecciona “hallazgos” documentales.

Él era simplemente un tipo con mucho dinero que dijo ‘Si necesitan ayuda, yo los ayudaré’. Si la iglesia dice que ellos no estaban ayudando a hacer ningún arreglo para comprar nada, ¿cómo se puede explicar el hecho de que la Iglesia se ofreció a conseguir un auto blindado para ir hasta Texas a recoger la Colección?” — The Mormon Murders, pág. 389

Cuando el recientemente fallecido “Profeta”, Gordon B. Hinckley, fue interrogado por los Fiscales del Condado, Bob Stott y David Biggs acerca de sus tratos múltiples con Mark Hofmann, él claramente mintió.

“Los fiscales Stott y Biggs se movían ansiosamente en sus sillas. Mike George, el investigador de la oficina del abogado del Condado quien había acompañado a Ken Farnsworth en la última entrevista con Hinckley casi cuatro meses antes, se maravillaba de cómo, con tiempo suficiente para recordar, Hinckley aún seguía sin poder recordar nada del asunto ni de Hofmann.

“¿Conoce a Hofmann? Pregunto Stott.

No lo recuerdo, estoy seguro que no.- Respondió Hinckley.

¿Alguna vez estuvo él en su oficina?” Preguntó Stott nuevamemte.

“Probablemente si, probablemente no”.- respondió Hinckley.

“¡Probablemente!” pensó Biggs.

- Ahora, incluso estaba olvidando lo que había admitido en la conferencia de prensa.” — The Mormon Murders, pp. 355-356

Hoy día, cuando se comparan las notas de los investigadores de este crimen, no queda duda que Gordon B. Hinckley, el “Profeta de Dios” para los mormones, estaba mintiendo a los fiscales.

Días después, desde dentro de las Oficinas Generales de la Iglesia en Salt Lake City alguien filtro a la prensa algunas fotografías tomadas en la entrega de algunos de los documentos, quienes aparecen en las imágenes, son un fiel testimonio de las mentiras y falta de integridad con las que la iglesia mormona y sus líderes se desenvuelven desde los días de Joseph Smith.

Kimball, Tanner, Hinckley, Monson, Benson, Packer, Pinnock, Paul H. Dunn, Oaks, Holland y muchos otros de los abogados y asesores legales que entonces participaron en la conspiración, son o fueron Autoridades Generales de la iglesia mormona; hoy día, algunos son apóstoles o profetas mormones, y son, sin duda, testimonio de la corrupción sacerdotal de lo que el Señor llamo en sus días, hipócritas tumbas blanqueadas.

En Utah - Uno no avergüenza a la iglesia mormona!

El caso con el cúmulo de pruebas en contra de Mark Hofmann era abrumador. Sin duda, él hubiera sido declarado culpable de Homicidio en 1er Grado y condenado a pena de muerte por estos crímenes despreciables; sin embargo, únicamente recibió una palmada en la mano por asesinar a dos personas inocentes, haciéndolos explotar con bombas de tubo y no tan sólo estafó a la iglesia mormona quitándoles cientos de miles, si no es que fueron millones de dólares, sino que estafó a otras personas también.

“Para todos fue claro que Bob Stott (el fiscal) estaba determinado a evitar un juicio, cueste lo que cueste,” dijo un policía cuando las noticias del arreglo se difundieron a través del departamento como el olor de una fuga de gas.

“Incluso si tuviéramos una confesión, Stott le hubiera dado a Yengich, el abogado de Hofmann cualquier cosa que hubiese querido y hubiese logrado el arreglo que deseara”.

Más adelante, cuando un reportero de “Los Angeles Times” voló a Salt Lake City para cubrir la historia de última hora del arreglo entre la fiscalía y la defensa, le dijo a Dawn Tracy [Reportero del Salt Lake Tribune] que el aspecto más sorprendente de todo el caso era la actitud de la parte acusadora, del fiscal mismo.

“El típico fiscal” – dijo el reportero – “sale y captura a los chicos malos. Sale y revuelve las cosas. Aquí, ellos son tan gentiles y cooperativos. Qué bonito arreglo entre la fiscalía y la defensa. En cualquier otro estado, hubiéramos visto este asunto ir a un juicio, porque así es como los fiscales ganan su reputación. Yendo a juicio, atrapando a los chicos malos, grandes salpicaduras, mucho tiempo de exposición mediática. Aquí, ustedes tienen un acuerdo amistoso entre la fiscalía y la defensa. ¿Cómo es que lo hacen posible? ¿Cómo rayos progresa un fiscal aquí?

“‘Hey,’ – contesto Tracy – ‘En Utah no progresas si avergüenzas a la iglesia mormona o si la haces quedar mal.

¿A quién le importa la verdad? ¿A quién le importa la justicia? En el mormonismo debes proteger el “mito”, ¡Cueste lo que cueste!”.The Mormon Murders pp. 420-421

El Fiscal mormón, Bob Stott, no cumplió con las responsabilidades de su oficio, porque en el mormonismo la actitud hacia la verdad no importa, es “¡La fe antes que los hechos!”. Además, esta la visita que el Presidente de Estaca y el Obispo hicieron a Stott la misma noche de aquel largo día en que el fiscal interrogó a Hinkcley por primera vez. ¿Que hablaron esa noche los dos líderes mormones y Stott? Aun es un msterio.

Mark Hofmann pudo conservar cada centavo que dolosamente gano y aun mejor, recibio un pago para cubrir sus gastos de abogado de una fuente desconocida una vez que acordo cerrar el pico y permanecer en la carcel con la promesa de no ser ejecutado, siempre que, claro esta, no buscara ir a juicio y con ello, poner a los "profetas, ápostoles, Autoridades Generales y más mormones de altos vuelos" en el estrado de un juzgado y tener que testificar públicamente.

Seis meses después de que el asunto se "arreglo", Stott recibió un paquete amplio de beneficios médicos para él y su familia como una prestación de parte del Estado de Utah, también recibió un bono extra por su correcto desempeño en sus funciones y un jugoso aumento de sueldo; finalmente, doce años después él y su orgullosa esposa recibieron un llamamiento como Presidentes de Misión, la asignación llego firmada por el “Profeta vidente y revelador” mormón, ¿el nombre del “profeta”? Gordon B. Hinckley.

El mismo hombre que entrego en la mano de Hofmann, fajos de dinero y cheques a lo largo de casi 5 años. — The Mormon Murders pág. 439

sábado

LOS MORMONES Y JOSÉ SMITH por: cristianismo-primitivo.

© C. Vidal, Libertad digital (ProtestanteDigital.com. 2005, España)

José Smith recibiendo un falso evangelio de un falso angel de luzLos mormones y José Smith
El "Libro del Mormón"
Las grandes deserciones mormonas
Falsedades históricas del Libro de Mormón
Más vínculos del mormonismo y la masonería
Mormonismo y poligamia
La dudosa moralidad de Joseph Smith 

En la imagen el falso profeta José Smith recibiendo la visita de unos seres luminosos que le revelaron un nuevo "evangelio" en el "Libro de Mormón" (imagen mormona)

"Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema. Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema" (Gálatas 1:8-9)
"Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan como ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras" (2ª Corintios 11:14-15)
Los mormones y Joseph Smith
La influencia de la masonería (I)

El peso de la masonería en el reverdecer del ocultismo del siglo XIX fue, como vimos en las entregas anteriores, ciertamente extraordinario, hasta el punto de que no puede entenderse su historia sin hacer referencia a él. Ya hemos indicado como uno de sus componentes esenciales – y de sus atractivos – era la pretensión de poseer un conocimiento secreto, una gnosis, que sólo se comunicaba a los iniciados. Esta circunstancia - absolutamente esencial en la historia de la masonería y, sin embargo, tantas veces omitida - explica, por ejemplo, el considerable papel representado por la masonería en la configuración de algunas de las sectas surgidas durante el siglo XIX. En las siguientes entregas, nos ocuparemos del papel de la masonería en la fundación del mormonismo, de los adventistas, de la Ciencia cristiana y de los testigos de Jehová.

De entre las sectas contemporáneas, la más importante, con diferencia, es la iglesia de Jesucristo de los santos de los últimos días, más conocidos popularmente como los mormones. En la actualidad, los mormones cuentan con no menos de diez millones de miembros en todo el mundo y un peso social, político y económico que supera con mucho el de ese número . Todo eso es más o menos conocido, lo que ya resulta mucho menos sabido es que Joseph Smith Jr. era masón y que la masonería desempeñó un papel muy considerable en el nacimiento y establecimiento de la secta.

Resulta obligado decir que nada puede alcanzar la categoría de comprensible en relación con la historia y la teología de los mormones – a la que Ferguson denominó la religión sintética de Utah – sin hacer referencia a la persona de su fundador y profeta Joseph Smith .

Nacido el 23 de diciembre de 1805, cuando Estados Unidos era una jovencísima nación recién emancipada de Gran Bretaña, Smith nació en un entorno doméstico peculiar. Los vecinos de Smith consideraban a la familia de éste como “analfabeta, bebedora de whiskey, holgazana e irreligiosa” (1). La madre de Smith, Lucy Mak, practicaba la hechicería y alimentaba la pretensión – por lo visto no del todo desprovista de fines crematísticos – de tener visiones.

El padre, Joseph, más conocido como Joe, contaba con una cierta popularidad que emanaba de que su ocupación consistía en buscar tesoros en favor de aquellos que le pagaban con esa finalidad. Está documentado que el joven Joseph Smith acompañaba con frecuencia a su padre en estas expediciones a mitad de camino entre el fraude y lo oculto, y desde edad muy temprana se dedicó a la práctica de la adivinación y de decir la fortuna mediante el uso de piedras, una práctica específicamente prohibida por la Biblia (2). Sin embargo, de manera aún más interesante, la familia de Joseph Smith estaba estrechamente vinculada con la masonería.

El padre, Joseph Smith Sr. había sido iniciado en el grado de maestro masón el 7 de mayo de 1818 en la logia de Ontario n. 23 de Canandaigua, Nueva York. Uno de los hijos mayores, Hyrum Smith, era miembro de la logia Mount Moriah n. 112 de Palmyra, Nueva York.

Las fechas resultan interesantes porque en 1820, según el relato de los mormones, Dios se le apareció a Joseph Smith en un episodio que explica el surgimiento de la secta .

La importancia de esta experiencia es de trascendencia capital para la teología mormona. El dirigente y apóstol de la secta, David O. McKay ha señalado claramente que “La aparición del Padre y del Hijo a Joseph Smith es el fundamento de esta iglesia” (3). En realidad, con ello no hace sino repetir lo que antes han dicho otros apóstoles mormones: si la visión es falsa, todo el edificio del mormonismo se debería derrumbar como un castillo de naipes.

Tal y como lo expresó el apóstol mormón John A. Widtsoe: “Sobre su realidad (la de la visión) descansa la verdad y el valor de su (de Smith) obra posterior”(4). Desde luego, no es para menos. Si efectivamente Dios se le apareció a Joseph Smith dándole instrucciones concretas, sería estúpido negarle, al menos, un poco de atención. Si, por el contrario, la historia es falsa, Smith sería un farsante, un enfermo o algo peor.

El relato oficial es como sigue. En 1820, cuando Joseph Smith tenía sólo catorce años , se adentró, una hermosa mañana de inicios de la primavera, en el bosque. Al parecer había decidido orar para descubrir cual de “todas las sectas era la correcta”, una oración nada baladí teniendo en cuenta la vinculación de su padre con la masonería. Mientras, presuntamente, se hallaba en oración vio sobre él, en el aire, a dos personajes. Uno de ellos señaló al otro y exclamó: “Este es mi Hijo amado, escúchalo” . Después, uno de los dos personajes le dijo que todas las iglesias estaban equivocadas.

En el siguiente artículo analizaremos la revelación de J. Smith.

(1) Citado en B. Larson, Oc, p. 309.
(2) Las citas al respecto son claras. Por ejemplo, “No os volváis a los encantadores ni a los adivinos; no los consultéis, contaminándoos con ellos” (Levítico 19:26) o “ No sea hallado en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique adivinación, ni agorero, ni sortilegio, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Señor cualquiera que hace estas cosas, y por estas abominaciones el Señor tu Dios echa estas naciones delante de ti. Perfecto serás delante de el Señor tu Dios. Porque estas naciones que vas a heredar, a agoreros y a adivinos oyen; mas a ti no te ha permitido esto el Señor tu Dios” (Deuteronomio 10, 8-14).
(3) D. O. McKay, Gospels Ideals. Salt Lake City. 1953, p. 85.
(4) John A Widtsoe, Joseph Smith-Seeker After Truth, SALT Lake City, 1951, pg. 19.

Mormones: la visión de Joseph Smith
La influencia de la masonería (II)

Vimos que en 1820, según el relato de los mormones, Dios se le apareció a Joseph Smith en un episodio que explica el surgimiento de la secta, siendo la importancia de esta experiencia es de trascendencia capital para la teología mormona. El dirigente y apóstol de la secta, David O. McKay ha señalado claramente que "La aparición del Padre y del Hijo a Joseph Smith es el fundamento de esta iglesia"(1). En realidad, con ello no hace sino repetir lo que antes han dicho otros apóstoles mormones: si la visión es falsa, todo el edificio del mormonismo se debería derrumbar como un castillo de naipes.

Como relatamos en el artículo anterior, el relato oficial es que en 1820, cuando Joseph Smith tenía sólo catorce años mientras, presuntamente, se hallaba en oración vio sobre él, en el aire, a dos personajes. Uno de ellos señaló al otro y exclamó: "Este es mi Hijo amado, escúchalo". Después, uno de los dos personajes le dijo que todas las iglesias estaban equivocadas.

Sería de esperar que esta visión de radical importancia hubiera sido registrada desde el principio entre los recuerdos y testimonios del futuro profeta. Lo cierto es que no fue así. Los mismos mormones se han visto obligados a reconocer que "el relato oficial de la primera visión de Joseph Smith y las visitas del ángel Moroni... fue publicado por primera vez en 1842"(2), es decir, 22 años después de acontecidos los hechos. Hasta qué punto este "retraso" resulta absurdo podemos verlo en el hecho de que la secta fue fundada oficialmente en 1830, el mismo año de publicación del Libro de Mormón. ¿A qué se debe que la piedra básica - la visión divina de Smith - sobre la que está edificada la secta de los mormones no fuera mencionada por el profeta sino veintidós años después de presuntamente acontecida?.

Diversas investigaciones parecen apuntar a una causa bien poco presentable: el mismo Joseph Smith no contó siempre la misma historia y ello se debe sencillamente a que la misma no era verdad. Jerald y Sandra Tanner (3) han dejado de manifiesto que en el interior de la secta circulaban, al menos, dos versiones diferentes de la visión divina de Smith si bien no salieron a la luz pública hasta que Paul Cheesman, un estudiante de la universidad Brigham Young, las publicó en 1965. Por si esto fuera poco, al año siguiente, James B. Allen, profesor asociado de Historia de la BYU, reveló otra versión más de la visión. Demasiados relatos discordantes para creer en una versión - hoy oficial - que, al parecer, desconocieron dirigentes mormones como Brigham Young y Oliver Cowdery (4).

El mismo Joseph Smith se destacó por ser el origen de este tremendo embrollo. A fin de cuentas, no relató siempre la misma historia . Así, el Messenger and Advocate de septiembre de 1834 y de febrero de 1835 publicó diversas versiones de la "primera visión" considerablemente diferentes de la oficial de 1842. Las diferencias son de bulto. En la versión ahora oficial, Joseph Smith tenía catorce años, buscaba saber qué secta era la verdadera y se le aparecieron el Padre y el Hijo. En las de 1834 y 1835, Joseph Smith tenía diecisiete años, lo que ansiaba saber es si existía un ser supremo y el que se le apareció fue un simple ángel. Para terminar de complicar las cosas el 29 de mayo de 1852 el Desert News publicaba unas declaraciones del profeta Smith en que afirmaba que la primera visión la tuvo a los catorce años y que fue de ángeles.

Esto fue corroborado posteriormente, por el apóstol mormón Orson Pratt (5) y por John Taylor, el tercer presidente de los mormones (6). Por desgracia para Smith, ni siquiera en la época en que coincidían casi todos en que quien se había aparecido era un ángel, llegaban a ponerse de acuerdo sobre la identidad del mismo. En la primera edición de la "Perla de gran precio" de 1851, pg. 41, se decía que el ángel era Nephi y la misma opinión sustentaba Lucy Mack, su madre. No obstante, después se denominó al ángel con el apelativo de Moroni. Finalmente, alguien debió de llegar a la conclusión de que una aparición del Padre y del Hijo siempre es mucho más atrayente que la de un simple enviado. Así esta tesis acabaría imponiéndose de manera oficial en la "Perla de gran precio", uno de los libros sagrados de los mormones (7) .

Como fundamento- según el profeta y apóstol MacKay - de la organización que afirmaba ser la única iglesia cristiana, la visión primera de Smith da la impresión de dejar mucho que desear. No coinciden - de acuerdo a las diferentes versiones - ni la edad de Smith, ni el motivo de su oración ni los personajes que se le aparecieron. Francamente, un profeta con una memoria tan dudosa sobre asunto de tanta importancia no consigue crear precisamente confianza en la manera en que transmite las revelaciones ni en la veracidad de las mismas. Para colmo, la última - por el momento - versión de la visión de Smith se contradice con sus propias enseñanzas de manera directa.

En 1832, Joseph Smith afirmó haber tenido una revelación de Dios según la cual nadie puede ver a Dios sin tener el sacerdocio. Según el propio SmitH él no tuvo ese sacerdocio hasta pasado 1830 (8) pero la visión de Dios fue, al menos, diez años antes. Como y por qué Dios hizo una excepción a Su revelación en relación a Smith constituye un misterio que - hasta la fecha - ningún adepto de la secta ha conseguido aclarar.

Como ha dejado de manifiesto Floyd C. Mc Elveen, ambas revelaciones no pueden ser verdad. O bien Smith vio a Dios en 1820 - y eso se contradice con la revelación sobre el sacerdocio de 1832 - o bien la revelación de 1832 es falsa y con ello queda a salvo la veracidad de la versión - hoy oficial- de la visión de 1820. Naturalmente cabe también la posibilidad de que ambas visiones no fueran sino una falacia.

(1) D. O. McKay, Gospels Ideals. Salt Lake City. 1953, p. 85.
(2) Improvement Era, julio de 1961, p. 490.
(3) Jerald y Sandra Tanner, The First ision Examines. Salt Lake City. 1969.La obra constituye un clásico en el estudio de las fuentes de la secta.
(4).C..Mc Elveen, The mormon illusion, Ventura, 1977 pp. 24-25.
(5) Vid: Messenger and Advocate, vol.I, pp. 78-79.
(6) Journal of Discourses, Salt Lake City. (1966) vol. 13, pp. 65-66.
(7) Pearl of Great Price, Salt Lake City, 1958, p.48 par.17.
(8) Bruce R. McConkie, doctrines of Salvation, SALT Lake City, 1954, vol. I, p. 4.

El "Libro del Mormón"
La influencia de la masonería (III)

Aún más problemas plantea esa obra que Mark Twain denominó "cloroformo en forma de libro" y que nosotros conocemos como el Libro del Mormón. La historia oficial del mismo es digna de ser referida aunque sea brevemente. En la Perla de gran precio, uno de los libros sagrados de la secta, Joseph Smith narra una visión que tuvo en 1823. De acuerdo con este libro, en el curso de la misma se le apareció a Smith un ángel llamado Moroni que le señaló la misión que Dios le había encomendado. Smith tenía que encontrar unas placas de oro en las que había escrita una obra cuya traducción debía acometer. Junto a las placas, Smith encontraría unas gafas que le permitirían traducir las placas del egipcio reformado en que estaban escritas al inglés. Para colmo de maravillas, las mencionadas lentes fueron identificadas por el ángel con el Urim y el Tumim del Antiguo Testamento. La obra señalada por el ángel, presuntamente, era el Libro del Mormón.

No hace falta decir que para una vez que una revelación presuntamente divina no se produce por inspiración sino por traducción, hubiera resultado sumamente interesante poder examinar los textos y el artilugio destinado a facilitar su comprensión a los mortales. No ha sido posible. Según la tesis mormona, después de que Smith tradujo las 116 primeras páginas del Libro del Mormón, aquellas desaparecieron. ¿Y las gafas? Se las llevó el ángel.

Según los tres testigos del Libro del Mormón, David Whitmer, Oliver Cowdery y Martín Harris, el método de traducción de Smith era auténticamente peculiar. En primer lugar, Smith colocaba los lentes en un sombrero y después metía la cara en el mismo comenzando a continuación a traducir de las placas de oro... que prácticamente nunca estuvieron presentes. Dado el método utilizado, no es de extrañar que no hicieran ni falta.

No acaba aquí la cosa. Según ha dejado escrito David Whitmer (1), una vez que Smith se echaba a la cara el sombrero con las gafas, aparecía una especia de jeroglífico con la traducción inglesa debajo. Smith la leía entonces para que copiara Cowdery o cualquier otro y si quedaba escrito correctamente la frase desaparecía.

El método se presenta como un tanto alambicado, pero así es como fue presentado por Smith y sus adeptos más cercanos. La obra era una revelación de Dios de igual importancia - en la práctica más - que la Biblia. Por desgracia para Smith y su secta, la nueva revelación por escrito iba a levantar aún mayores dudas que el relato referente a su presunta visión divina. Joseph Smith afirmó que la obra fue escrita en torno al 384 al 421 A. de C. por Mormón, el padre de Moroni. Por ello, no deja de ser curioso que la obra reproduzca textualmente la versión de la Biblia del Rey Jaime que se imprimió... en 1611 A.D. El cómo un libro puede llevar millares de citas textuales de una obra que, supuestamente, se imprimió dos mil años después es otro de los grandes enigmas de la religión mormona, y el enigma se agranda cuando vemos que hasta las palabras en cursiva de la versión del Rey Jaime se reproducen así en el Libro del Mormón.

No menos curioso es el estilo gramatical de la obra . Supuestamente, "cada palabra y cada letra le fueron dadas (a Joseph Smith) por el don y el poder de Dios", pero eso no ha evitado que los mormones hayan realizado unos cuatro mil cambios de estilo - y no sólo de estilo - en la obra (2). Francamente, resulta curioso que las autoridades mormonas se hayan mostrado tan predispuestas a alterar con suma libertad una obra que - presuntamente - fue dada por Dios al profeta fundador de la secta. Quizá una explicación de este fenómeno resida en el hecho de que cuando Smith cita de la versión de King James o Rey Jaime (supuestamente escrita dos mil años después que el Libro de Mormón) su gramática es impecable, pero deja de serlo en el momento en que - al parecer - traducía del egipcio ayudado por las gafas que le dio el ángel. Desde luego, si Dios entregó la revelación a Smith de manera directa, lo hizo en momentos en que Su gramática no era muy sólida.

Estas y otras cuestiones - que, desde luego, no contribuyen lo más mínimo a afianzar la creencia de que Joseph Smith era un profeta de Dios - suelen ser dejadas de lado por los adeptos de la secta con una referencia rápida al testimonio, favorable al Libro de Mormón, de los testigos.

Efectivamente, en las páginas iniciales del Libro de Mormón se menciona el "Testimonio de los tres Testigos", a saber, Oliver Cowdery, David Whitmer y Martín Harris; así como el de los "Ocho testigos", es decir, Christian Whitmer, Jacob Whitmer, Irma Page, Joseph Smith, Sen; Hyrum Smith y Samuel H. Smith. Según los adeptos, el testimonio de estas personas en bloque no deja ninguna duda de que el Libro de Mormón fue una obra inspirada por Dios y revelada a Su profeta, Joseph Smith. Sin duda, muchos adeptos lo creen. El problema es que el mencionado testimonio no se sostiene ni siquiera parcialmente. Para empezar el grupo de los "tres testigos" jamás afirmó haber visto las placas de oro donde - supuestamente - se escribió el Libro de Mormón. Lo más que llegaron a afirmar fue que tuvieron una "visión" de las mismas, que las vieron "con el ojo de la fe" o cuando estaban envueltas o tapadas (3). Si alguien vio alguna vez - y resulta dudoso - aquellas placas fue sólo Joseph Smith.

(1) Estudios sobre el tema en A. Budvarson - Book of Mormon -, True or False?, Concord, 1959; M. W. Cowan-Mormón Claims Answered, ed. autor. 1975 y J. y S. Tanner- Mormonism, Shadow o Reality, Salt Lake City. 1975.
(2) Estudios sobre el tema en A. Budvarson - Book of Mormon -, True or False?, Concord, 1959; M. W. Cowan-Mormón Claims Answered, ed. autor. 1975 y J. y S. Tanner- Mormonism, Shadow o Reality, Salt Lake City. 1975.
(3) Cf: F.C. McElveen, Oc, p. 48 ss.

Las grandes deserciones mormonas
La influencia de la masonería (IV)

Por desgracia, no termina en el Libro del Mormón en sí el cúmulo de problemas que presentan los mencionados testigos de Shmit. Veámoslos, aunque sea por encima. De los once testigos mencionados, todos se marcharon de la secta salvo los Smith, es decir, los de la familia del profeta e incluso de éstos, un par de los hijos de Smith dejaron la secta para afiliarse a la iglesia reorganizada de los Santos de los Últimos Días.

Como relatamos en artículos anteriores, el relato oficial es que en 1820, cuando Joseph Smith tenía sólo catorce años mientras, presuntamente, se hallaba en oración vio sobre él, en el aire, a dos personajes. Uno de ellos señaló al otro y exclamó: "Este es mi Hijo amado, escúchalo". Después, uno de los dos personajes le dijo que todas las iglesias estaban equivocadas. Existen los llamados tres testigos del Libro del Mormón, David Whitmer, Oliver Cowdery y Martín Harris.

Visto el éxito final que tuvo con ellos, no es de extrañar que el profeta Smith denominara a los tres testigos principales "ladrones y embusteros" (1) y que incluso manifestara en la "Historia de la Iglesia" que habría que olvidarlos (2). De nuevo este conjunto de circunstancias no pueden sino resultar sorprendentes al venir ligadas a una revelación supuestamente de Dios. Por ello, resulta injustificable que la secta de los mormones tenga el valor de presentarlos como testigos a favor de las revelaciones de su profeta, cuando todos, menos los familiares de éste, la abandonaron convencidos de que aquello no tenía ninguna relación, ni siquiera lejana, con Dios.

Realmente, da la impresión de que la gente más cercana a Smith creía que todo era un fraude y se cansó de seguir la farsa. A causa de ellos, Smith los descalificó como embusteros y ladrones en un intento de privar de valor a los testimonios - esta vez ciertos - que pudieran dar acerca del. Posteriormente, la secta correría un tupido velo sobre el abandono e insistiría en que todos ellos eran piedra fundamental para creer la veracidad de las pretensiones de Smith. No hace falta ser muy avispado para darse cuenta de a quien beneficiaba esa falsedad consciente.

Una cuestión adicional sirve para dejar aún más de manifiesto el dudosa carácter de los poderes de Smith. Para desgracia de la secta, el asunto pasó por los tribunales y las minutas del procedimiento fueron localizadas por Wesley P. Walters el 28 de julio de 1971 (3). En 1826, es decir, seis años después de la supuesta visión divina, Joseph Smith fue acusado (y condenado) por ser un "glass looker". El término anglosajón, que se podría traducir como "mirador de cristal", sirve para designar a una persona que mirando a través de un vidrio o de una piedra puede encontrar tesoros o propiedades perdidas. Smith había estafado a una persona llamada Josiah Stowell asegurándole que, mirando a través del cristal, localizaría tesoros y propiedades perdidas.

No deja de ser curioso que Smith fracasara utilizando la misma metodología que le permitió - en teoría - traducir las placas de oro que un ángel de Dios le había mostrado y tampoco deja de llamar la atención que, seis años (o tres, según la visión) después de hablar con el Padre y el Hijo (o con un ángel, llamado o Moroni o Nephi, según qué visión y qué persona) anduviera dedicado a los menesteres - nada respetables - que había aprendido en su familia. No parece lo más adecuado que un profeta de Dios se dedique a estafar al prójimo prometiéndole encontrar tesoros... a menos, claro está, que no se sea tal tipo de profeta. Desde luego, con esos antecedentes tampoco llama mucho la atención las controversias desatadas desde el principio en relación con el Libro de Mormón.

(1) Times and Seasons, vol. I, pg. 81; Elders Journal, pg. 59; Senate Documents 189, pp. 6,9.
(2) Smith, History of the Church, vol. 3, p. 232.
(3) Una reproducción fotográfica de las minutas judiciales originales en J. Y S. Tanner, Joseph Smith´s 1826 Trial, Salt Lake City. 1971.

Falsedades históricas del Libro de Mormón
La influencia de la masonería (V)

Los libros sagrados de las diversas religiones suelen contener datos históricos, geográficos y arqueológicos susceptibles de ser verificados por los especialistas en estas ciencias. En alguna medida, su fiabilidad viene confirmada o negada precisamente por la posibilidad de verificar si los datos históricos o arqueológicos son o no reales. El ejemplo más destacado de esta tesis lo constituye, sin lugar a dudas, la Biblia. Los datos geográficos, históricos y arqueológicos que aparecen en la misma no sólo son reales y están cuidadosamente expuestos sino que han servido de base para realizar descubrimientos arqueológicos en tiempos modernos. En el caso de otros libros religiosos los datos son escasos y difícilmente comprobables vg: los libros canónicos del hinduismo, pero incluso así parece existir un fondo histórico real aunque se haya visto deformado por la leyenda. La única excepción a esta regla la constituye el Libro de Mormón, la presunta revelación divina recibida por Joseph Smith, un escrito que resulta aún menos fiable que los textos sagrados del hinduismo.

La historia contenida en esta obra no deja de ser un tanto complicada en sus detalles. Haremos aquí un breve resumen de la misma en relación con sus aspectos fundamentales. En las páginas del libro canónico por antonomasia del mormonismo, se nos narra que un pueblo llamado jareditas, procedentes de la Torre de Babel, emigró a América en el año 2247 A.C. Supuestamente esta cultura ocupó América Central hasta desvanecerse a causa de los conflictos internos. Un superviviente llamado Ether escribió su historia en 24 placas metálicas.

LA HISTORIA SEGÚN EL LIBRO DE MORMÓN
Hacía el año 600 A.C., las dos familias de Lehi e Ismael salieron de Jerusalén y cruzando el océano Atlántico desembarcaron en América del Sur. Dos hijos de Lehi, llamados Laman y Nephi, acabaron enfrentándose junto con sus seguidores en el campo de batalla. De aquí procederían los pieles rojas que poblarían el Nuevo Mundo. La razón, según Joseph Smith, no podía ser más fácil: los lamanitas era rebeldes contra Dios y El los castigó haciendo que su piel se oscureciera dando así origen a los indios americanos.

Los nefitas, por el contrario, que seguían conservando una piel inmaculadamente blanca, fueron favorecidos por Dios y se asentaron en América Central en la época de Cristo. Después de su crucifixión, Jesús se les apareció en esta parte del continente americano e instituyó el bautismo, el sacramento del pan y el vino, el sacerdocio, etc. Un par de siglos después, aquella cultura centroamericana abandonó los caminos del Señor y otro siglo y medio después nefitas y lamanitas se enfrentaron de nuevo en batalla.

El jefe de los nefitas era un profeta y sacerdote llamado Mormón. Cuando comprendió que la derrota era una posibilidad clara, decidió escribir en placas de oro la historia de su pueblo. Se las entregó a su hijo Moroni que, supuestamente, la escondió en una colina cerca de Palmyra, Nueva York, unos mil cuatrocientos años antes de que, presuntamente, un ángel se le apareciera a Smith y le dijera donde encontrarlas. Por qué escogió este lugar – salvo porque Smith viviría cerca de él – es un enigma. Enigma resulta también que Mormón retara a los lamanitas a trabar combate en un cerro insignificante llamado Cumorah. Este lugar, al parecer, se hallaba a centenares de miles de millas de donde se encontraba su pueblo y, por ello, aquel se vio obligado a cruzarlas. Lógicamente, debió llegar hecho trizas al lugar de la batalla. Mormón, si es que existió, fue quizá un profeta y un sacerdote piadoso, pero, desde luego, dejaba mucho que desear como estratega. De acuerdo con el Libro de Mormón, hacia el 421 A.de C. todos los nefitas habían sido asesinados y los impíos lamanitas dominaban la tierra. Presuntamente cuando Colón llegó a América en 1492, se encontró a los descendientes de los lamanitas.

LAS BASES HISTÓRICAS REALES
Desde luego, no cabe duda que la historia como tal, pese al tono aburridísimo de su exposición, derrocha imaginación. El problema, para Smith y la secta, claro está, es que existen buenas razones para pensar que no cuenta con la más mínima base histórica.

Para empezar, está la cuestión del incremento de la población . Según el Libro de Mormón, en treinta años, de 28 personas se formaron dos naciones poderosas (I Nephi; 2 Nephi 5:5,6,28), nephitas y lamanitas que se enfrentarían a muerte. En términos demográficos, tal posibilidad es absolutamente inaceptable. Por si fuera poco, siempre según el Libro de Mormón, esas dos naciones – que se formaron en treinta años – edificaron multitud de ciudades poderosas, seguramente durante el tiempo que no se dedicaban a multiplicarse frenéticamente. En el Libro de Mormón se mencionan al menos 38 ciudades: Ammonihah, Bountiful, Gideon, Shem, Zarahemla, etc. No se han encontrado restos de una sola siquiera ni en Centroamérica ni en Suramérica.

Como remate, tampoco tenemos pruebas de que, como afirma el Libro de Mormón, en América se utilizara profusamente el egipcio reformado y el hebreo . Para ser honrados habría que decir que no contamos con un solo vestigio de ello. Algo, por otra parte, incomprensible su fiera cierto que, como afirma el Libro de Mormón, ambas lenguas fueron utilizadas durante siglos en el continente americano.

Las cuestiones menores de dudosa fiabilidad son numerosísimas . Por sólo citar algún ejemplo diremos que el profeta Nephi, que supuestamente escribió varios siglos antes de Cristo, cita a Mateo, Lucas, Pedro y Pablo que no vivieron ni escribieron hasta el siglo primero de nuestra Era. En Alma 46:15 se llama “cristianos” a fieles que vivían 73 años antes del nacimiento de Cristo. Se afirma en Ether 2:3 que había abejas en América unos dos mil años A.de C., cuando lo cierto es que fueron los españoles los que las llevaron al Nuevo Mundo, etc.

En realidad, lo que resulta establecido más allá de cualquier duda razonable es que el Libro de Mormón es un verdadero fraude histórico . De hecho, autoridades competentes como el Instituto Smithsoniano de Washington han dejado claro que carece de la más mínima base histórica o arqueológica afirmando, por ejemplo, que “los arqueólogos del Smithsoniano no ven ninguna conexión entre la arqueología del Nuevo Mundo y el tema del Libro (de Mormón)” (1). Como ha señalado el Dr. Frank H.H. Roberts, Jr., director del departamento de etnología americana del citado instituto: “No existe ninguna prueba de ninguna emigración desde Israel a América, y de manera similar no hay ninguna prueba de que los indios precolombinos tuvieran ningún conocimiento del cristianismo o de la Biblia”. De la misma opinión es el arqueólogo Michael Coe, especialista en culturas precolombinas: “No hay un solo arqueólogo profesional, que no sea mormón, que encuentre alguna justificación científica para creer que (el Libro de Mormón) es cierto”.(2)

Los datos resultan tan aplastantes que, incluso, algunos arqueólogos mormones se han visto obligados a aceptarlos . Un ejemplo claro es el del reconocido arqueólogo mormón Dee F. Green que efectivamente ha afirmado: “La moderna topografía no permite situar ninguno de los lugares a los que se refiere el Libro de Mormón. Se puede estudiar la arqueología bíblica, porque sabemos dónde estaban y está Jerusalén y Jericó, pero no sabemos dónde estaban ni están Zarahemla y Bountiful, ni ningún otro sitio realmente (3).

(1) J. Y S. Tanner-Mormonism Shadow or Reality. Salt Lake City. 1975, p. 57.
(2) Dialogue: A Journal of Mormon Thought, “Mormons and Archaeology: An Outside View”.Verano de 1973, p.p. 41-42, 46 .
(3) Dialogue, Oc, verano de 1969, pp. 77-78.

Más vínculos del mormonismo y la masonería
La influencia de la masonería (VI)

No es de extrañar que ante los datos mencionados en el artículo anterior acerca del Libro de Mormón, multitud de personas dejen de creer en el carácter divino de la revelación de Smith. Uno de los casos más claros es el de Thomas Stuart Ferguson (1). Fundador de la Fundación Arqueológica del Nuevo Mundo, era un miembro respetado de la secta, en apoyo de la cual había escrito tres libros con argumentos a favor de la veracidad del Libro de Mormón. Tras veinticinco años de investigación, llegó a la conclusión de que "las pruebas en contra de Joseph Smith eran absolutamente rotundas" y perdió la fe en el mormonismo como revelación divina.

Bajo presiones de las autoridades de la secta escribió una carta en la que afirmaba que no rompería su relación con la misma, sin embargo, había dejado de creer - convencido por la aplastante evidencia - en Joseph Smith como profeta de Dios (2).

A pesar de todo, la verdad es que el Libro de Mormon levantó tantas expectativas que, al parecer, Joseph Smith decidió adentrarse por el camino de las sucesivas revelaciones. Supuestamente, en 1835, Smith compró varias momias egipcias y rollos de papiro de un tal Michael H. Chandler. Al parecer, el profeta tradujo los textos y con ellos formó el "Libro de Abraham" que está incluido en otro de los textos sagrados del mormonismo, "La Perla de Gran Precio".

Según la interpretación de Smith, el primer dibujo mostraba al sacerdote idólatra Elkenah intentando ofrecer a Abraham como sacrificio. El pájaro que aparecía en el dibujo era el Ángel del Señor, etc.

Por desgracia para Smith, esta vez sí que hubo quien vio los textos. F.S. Spalding envió copias de este facsímil y de otros que dibujó Smith a varios de los egiptólogos más competentes del mundo (2). Todos, sin excepción, manifestaron que el tema de los papiros era el embalsamamiento de los muertos. Asimismo, fueron unánimes en afirmar que la interpretación de Smith - sagrada palabra de Dios para sus seguidores - era falsa y que no constituía una traducción veraz de los jeroglíficos.

Al igual que ha sucedido con arqueólogos mormones que perdieron su fe en J. Smith después de examinar científicamente el Libro de Mormón ha acontecido con esta otra revelación. Dee Jay Nelson (3), un supuesto egiptólogo mormón, abandonó la secta tras examinar los datos y llegar a la conclusión de que la supuesta traducción de Smith era un fraude. Su caso no es único.

A pesar de todo lo anterior - que, difícilmente, puede considerarse propio de una persona honrada - Joseph Smith no tuvo ninguna dificultad para que la masonería aceptara iniciarlo en sus secretos. Cómo se llegó hasta ese paso es - como sucede con tantos episodios de la historia de la masonería - verdaderamente novelesco.

Dentro de la historia de la masonería constituye un capítulo especialmente importante el relacionado con la historia de la muerte de William Morgan, un hombre asesinado por escribir un libro en el que, supuestamente, revelaba secretos relacionados con la masonería.

El episodio provocó una gran reacción contra la masonería en los Estados Unidos, pero no es ése el aspecto en el que vamos a detenernos aquí. Al ser asesinado Morgan por los mormones, dejó una viuda llamada Lucindia. Inicialmente, Lucindia no dudó en elevar votos de mantenerse fiel a la memoria de su marido y, por supuesto, recibió donativos de no pocos anti-masones que la contemplaban con simpatía y afecto. Sin embargo, cuando Lucindia volvió a casarse el 23 de noviembre de 1830, lo hizo con un masón llamado George W. Harris. Acto seguido, se convirtió al mormonismo y se trasladó a Nauvoo, Illinois. Ni de lejos iba a ser la única vinculación entre la masonería y el mormonismo. De hecho, el 6 de abril de 1840, fue fundada la Gran Logia de Illinois por el general, juez y patriarca mormón, James Adams. La nueva Gran Logia de manera inmediata se entregó a establecer estrechos vínculos con la secta fundada por Smith. Al cabo de poco tiempo, Nauvoo contaba con tres logias y Iowa con dos, las cinco eran denominadas las "logias mormonas" y contaban con unos 1550 hermanos. El mismo Joseph Smith Jr., profeta de Dios según su testimonio, fue iniciado como aprendiz masón el martes, 15 de marzo de 1842. El episodio aparece documentado en las minutas de la logia de Nauvoo correspondientes a esa fecha donde se habla de cómo Smith Jr. y Sydney Rigdon "fueron debidamente iniciados como aprendices masones durante el día".

Se trataba tan sólo del principio. Los cinco primeros presidentes de la secta - Joseph Smith, Brigham Young, John Taylor, Wilford Woodruff y Lorenzo Snow - fueron todos iniciados en la masonería en la misma logia de Nauvoo. De hecho, prácticamente todos los miembros de la jerarquía o eran ya masones o fueron iniciados en la masonería una vez que Joseph Smith fue ascendido al grado de maestro masón. A decir verdad, es posible que la logia mormona de Nauvoo haya sido la que ha contado con más personas celebres entre sus miembros con la excepción de la ya citada Logia de las Nueve hermanas.

Una vez que la masonería fue introducida en Nauvoo, la logia celebró sus reuniones en la habitación superior del almacén de Joseph Smith hasta que se construyera el edificio especialmente dedicado a las tenidas. Éste fue dedicado por Hyrum Smith el 5 de abril de 1844.

(1) Una narración más extensa del mismo en Ed. Decker y D. Hunt, Los fabricantes de dioses, Minneapolis, 1987. pp. 78 ss.
(2) Durante años se ha defendido la tesis de que El Libro de Mormón no fue siquiera obra de Joseph Smith, sino que éste la plagió de un tal Solomon Spaulding. Al parecer, éste había escrito una novela histórica sobre una familia judía que emigraba al Nuevo Mundo. Esta explicación del origen del Libro de Mormón es, a nuestro juicio, la más satisfactoria por tres razones. Primero, explica la utilización de la Biblia del Rey Jaime de 1611. Es lógico que un protestante del siglo XIX la utilizara para citar de las Escrituras al ser la de mayor difusión en las naciones de habla inglesa. Segundo, explica la falta de base histórica ya que se trata sólo de novelar y no de historiar. Tercero, la tesis viene apoyada por multitud de testigos que afirmaron haber leído o escuchado fragmentos de la obra de Spaulding que eran idénticos a la que Smith presentaba como Libro de Mormón. No hace falta decir que de ser cierta esta teoría, el profeta Smith saldría aún peor parado en sus pretensiones, pero ese no es un problema para el investigador imparcial..
(3) Los egiptólogos fueron A.H. Sayce de la universidad de Oxford, William M.F. Petrie de la universidad de Londres, A.C. Mace del departamento de egiptología del Museo metropolitano de Nueva York, J. Peters, director de la expedición babilónica de la universidad de Pensylvania; S.A.B. Mercer del Western Theological Seminary de Chicago, E. Meyer de la universidad de Berlín y B.V. Bissing de la universidad de Munich.
(4) Dee Jay Nelson, The Joseph Smith Papyri, part. 2 y The Eye of Ra.

Mormonismo y poligamia
La influencia de la masonería (VII)

Las relaciones de la nueva secta del mormonismo así como de su fundador con la masonería resultaban, desde luego, inmejorables. Sin embargo, Joseph Smith distaba mucho - consideraciones sobre sus revelaciones aparte - de ser un modelo moral tal y como, presuntamente, exige la masonería de sus miembros. De hecho, en 1842, el profeta fue acusado de asesinato. Fuera o no cierto, la verdad es que salió bien parado en el procedimiento judicial e incluso se permitió declararse candidato a la presidencia de los Estados Unidos. No se saldría con la suya, pero el año siguiente recibiría otra revelación de enormes consecuencias. Su tema sería la poligamia. Al parecer antes de la canónica revelación de 12 de julio de 1843, Smith había tenido otras varias relativas a este tema, la diferencia estaba en que, hasta entonces, fueron privadas y generalmente iban dirigidas a convencer a la mujer ansiada (que podía ser tanto soltera como casada) de que Dios deseaba que se entregara al profeta Smith.

Si la mujer se convencía - cosa, al parecer, no muy difícil dado el poder de atracción de Smith - se celebraba un matrimonio secreto y, a partir de entonces, tenían lugar los encuentros sexuales de manera oculta. Ann Whitney, por citar sólo un ejemplo, se casó con Smith cerca de un año antes de la revelación de 1843 (1), pero la costumbre de perpretrar adulterios de manera constante, venía de muy lejos.

La primera acusación pública de adulterio formulada contra Smith procedió, nada menos, que de uno de los testigos del Libro de Mormón: Oliver Cowdery. Está documentado que, desde 1835, Smith mantuvo con una tal Fanny Alger una relación adulterina de la que no lograron disuadirlo ni siquiera algunos de sus colaboradores más cercanos (2). Pronto el número de amantes - esposas, según Smith - llegó a más de ochenta.

Al parecer, a Smith no le importaba mucho lo moral de sus actuaciones, pero sí el que su esposa Emma le pudiera descubrir . Esto, al menos, es lo que se desprende de una carta descubierta por Michael Marqwardt en el George Albert Smith Collection de la Biblioteca de la Universidad de Utah (3). Tanto le preocupaba la cólera de la esposa engañada que incluso, en algunas ocasiones, el profeta arregló casamientos fingidos entre sus "mujeres" y otros hombres (4), para cubrir una realidad más evidente: esas mujeres eran las amantes adulterinas de Smith. Desde luego, el sistema no deja de parecer una actitud curiosa si aceptamos la tesis de que Smith sólo hacía lo que Dios le ordenaba.

Como es de suponer, la lujuria del profeta pronto se convirtió en una pesadilla para muchos de sus adeptos. Tener una esposa hermosa era un riesgo porque, a buen seguro que, tarde o temprano, constituiría una tentación que Smith no podría ni querría resistir. Si una mujer le apetecía sexualmente, la tomaba sin el más mínimo problema de conciencia. Hay que decir, no obstante, que en algunas ocasiones estuvo dispuesto a aceptar un canje.

Un caso así fue el de Vilate Kimball, casada con el apóstol mormón Heber C. Kimball. La mujer debía tener un cierto atractivo físico y el profeta le comunicó que debía acceder a sus deseos sexuales. Ni a ella ni a su esposo les debió convencer - mucho menos honrar - la sugerencia. Finalmente, idearon una forma de escapar a tan alto honor. Kimball, con enorme tacto, preguntó a Smith si le daría igual tomar a la hija en lugar de la madre. El profeta aceptó el cambio (5).

En otros casos, como suele suceder en estas circunstancias con relativa frecuencia, el marido engañado por el profeta desconocía que su esposa - a la que consideraba un ejemplo de virtudes - había pasado a formar parte del harén de Smith (6). El conocimiento del secreto quedaba reducido a los protagonistas y a algunas personas muy cercanas.

Con todos los alicientes que el tener relaciones adúlteras con un supuesto profeta de Dios pudiera presentar para las mujeres, no puede decirse que aquella práctica hiciera especialmente felices a todas las de la secta. Cuando la poligamia se extendió a todos los varones del movimiento, no pocas adeptas se desesperaron y prefirieron suicidarse antes de allanarse a una conducta que las rebajaba de esa manera.

Naturalmente, todo aquello resultaba excesivo para la gente que vivía cerca de los mormones - nada pacíficos, por otro lado - y que temía verse desbordada por ellos (7). En el estado de Illinois la bigamia era un delito y Joseph Smith - en aquellos momentos en excelentes relaciones con la masonería - y su hermano Hyrum - el masón más importante de Nauvoo - fueron arrestados. Sin embargo, no fueron esos los únicos cargos presentados contra él. Las acusaciones iban desde gran inmoralidad a falsificación, pasando por encubrimiento y otros delitos. Hubiera sido de desear que compareciera ante un tribunal porque, quizá de esta manera, habría podido quedar establecido de manera legal cuál era el verdadero carácter de Smith. No fue así. Un grupo de unas ciento cincuenta personas hartas de los excesos de Smith asaltó la prisión de Carthage, en que estaba confinado, con ánimo de lincharlo.

Joseph Smith intentó salvarse realizando alguno de los gestos rituales de la masonería y profiriendo gritos de auxilio hacia posibles masones que pudieran encontrarse entre sus asaltantes. No podemos saber a ciencia cierta si había masones entre ellos, pero, en cualquiera de los casos, no le sirvió de nada. La turba disparó a través de la puerta de la cárcel y mataron instantáneamente a Hyrum. Joseph Smith disponía de un revólver y logró herir a cuatro de los atacantes. Sin embargo, cuando vio que la situación era desesperada, intentó escapar lanzándose por la ventana. Fue atrapado en la huída y asesinado.

(1) The Contributor, vol. 6, n. 4,enero de 1885, p. 131.
(2) Historical Record pg. 15, una fuente mormona da por verídico el dato.
(3) Reproducida en E. Decker y D. Hunt, Oc. P, 139.
(4) Cf. E. Decker y D. Hunt, Oc, p. 139 y ss.
(5) Dr. Wyl, Mormon Portraits, 1886, pp. 70-72.
(6) Tal como fue el caso de un tal H. B. Jacobs.
(7) Cf. No man knows my story, Fawn M. Brodie. 1945.

Mormonismo: la dudosa moralidad de Joseph Smith
La influencia de la masonería (VIII)

Joseph Smith en diversas ocasiones había declarado que "podía desafiar a la Tierra y al infierno (1)", que era el hombre más importante que hubiera vivido jamás, incluido Jesucriston (2), que era un abogado, un gran legislador y que abarcaba todo, el cielo, la tierra y el infierno y que iba a descubrir el conocimiento que cubriría a todos los otros abogados, doctores y cuerpos de letrados (3). Al fundar la iglesia mormona, Smith se había colocado por delante de todo profeta o apóstol anterior a él, incluyendo al propio Cristo: "Tengo más para jactarme de lo que haya tenido nunca ningún hombre. Soy el único hombre que ha sido capaz de mantener unida a toda una iglesia desde los días de Adán... Ni Pablo, ni Juan, ni Pedro, ni Jesús lo consiguieron nunca. Presumo de que ningún hombre hizo nunca un trabajo como el que yo hago. Los seguidores de Jesús se apartaron corriendo de El, pero los Santos de los Últimos Días nunca se apartarán de mí" (History of the Church, vol. 6, pp. 408-9).

Pretendía asimismo que él no era un siervo de Dios sino que, por el contrario, Dios era su mismo ayudante. Así lo dijo de manera indiscutible: "La tierra entera será testigo de que yo, como la roca elevada en medio del océano, que ha resistido la poderosa embestida de las olas durante siglos, soy invencible...

"Yo combato los errores de la Historia, me enfrento con la violencia de las masas; me las arreglo con los procedimientos ilegales de la autoridad; corto el nudo gordiano de los poderes y resuelvo los problemas matemáticos de las universidades, con la verdad, con la verdad primera: y DIOS ES MI HOMBRE DE CONFIANZA, MI MANO DERECHA".(4)

Su sueño megalómano concluyó aquel día al lado de la prisión de Carthage (que mencionamos en el artículo de la semana anterior). En el St. Clair Banner de 17 de septiembre de 1844 se publicó una declaración jurada de G.T.M. Davis en la que se revelaban los propósitos del profeta:

"El gran objetivo de Joseph Smith era evidentemente el de asumir poderes ilimitados - civiles, militares, eclesiásticos - sobre todos los que llegaran a ser miembros de su sociedad.
"... y para satisfacer a su gente... mostrando que la autoridad que Dios le había otorgado... se extendía sobre toda la raza humana y que los Santos de los Últimos Días, y las órdenes de Joe como rey y legislador iban a dominar a los gentiles y que obtendrían su sumisión mediante la espada". (5)

No resulta, por lo tanto, extraño que Joseph Smith enseñara y ordenara a sus adeptos que practicaran el robo, el saqueo y el asesinato de aquellos que se les enfrentaban. Esta conducta - que difícilmente podría denominarse cristiana, pero que cuenta con paralelos en procesos sociales impulsados por la masonería - era etiquetada con el término de "despojar a los gentiles". Como ha reconocido el escritor mormón Leland Gentry se consideraba que "había llegado el tiempo en que las riquezas de los gentiles debían ser consagradas a los Santos".(6)

La muerte de Smith provocó el lógico problema sucesorio. Originalmente, Joseph Smith había deseado que fuera un hijo suyo el que le sucediera a la cabeza de la secta ocultista fundada por él. Un manuscrito fechado el 17 de enero de 1844 y firmado por Joseph Smith apenas cinco meses antes de su muerte establece:

"Bendición dada por Joseph Smith Jr. A Joseph Smith III... Bendito del Señor es mi hijo Joseph III. porque él será mi sucesor en la Presencia del Alto sacerdocio; un vidente, un revelador, un profeta para la Iglesia; su designación le pertenece a él por mi bendición; y también por derecho".

Así lo quería el profeta, pero no le sirvió de nada. Uno de sus lugartenientes, Brigham Young, se autonombró sucesor suyo y el heredero oficial tuvo que conformarse con formar otra secta aparte. El 24 de julio de 1847, la primera caravana de mormones al mando de Brigham Young entraba en el Valle de Salt Lake. Más del sesenta por ciento de los mormones que llegaban a un territorio que pronto sería suyo eran masones, entre ellos toda la jerarquía de la secta. En los años venideros, los rituales del templo mormón de Salt Lake City - supuestamente procedentes del templo de Salomón - serían tomados de manera directa y apenas modificada de los de la masonería.

(1) Carta fechada el 22 de julio de 1844 de Sarah Scott en la que se describe las pretensiones de Smith.
(2) History of the Church, vol. 6, p. 408.
(3) Idem, vol. 5, p. 467.
(4) Idem, vol. 6, p. 78.
(5) Citado por J. Y S. Tanner - Mormonism - Shadow or Reality?. Pp. 415-6.
(6) L. Gentry, A History of Alter Day Saints in Norteen Missouri form 1836-1839, UBY, 1965, p. 32.
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La Masacre de Mountain Meadows Por Brigham Young el ASESINO

En 1857, la Iglesia Mormona estaba asegurando su poder en Utah cuando ocurrió un hecho luctuoso. El 11 de septiembre, una caravana de 120 pioneros liderados por Alexander Fancher atravesaba el estado con destino a California cuando fue atacada por una milicia mormona. John D. Lee miembro prominente de los Santos de los Últimos Días, intervino en la situación,[cita requerida] prometiendo un salvoconducto que permitiría a los viajeros atravesar el estado sin dificultades a cambio de la entrega de sus armas. Al acceder los colonos, los mormones escoltaron a la caravana durante un corto trayecto con el propósito de que esta se dispersara.[cita requerida] Entonces, fueron masacrados. Sólo sobrevivieron 17 niños menores de ocho años, considerados dentro del rango de edad inocente para los mormones.
  El gobierno , quien tenia como Gobernador del Estado de Utah a Brigham Young, detuvo a John D. Lee acusado como el ejecutor intelectual de la masacre. La iglesia lo excomulgó declarando a Lee fuera de la ley del hombre, y de la iglesia al supuestamente malinterpretar un edicto de su líder, Brigham Young.
En marzo de 1877, 20 años más tarde, el gobierno de los EE. UU. ejecutó al hombre al mando de los asesinos, John D. Lee En sus últimas palabras, John D. Lee confesó sentirse traicionado por Brigham Young, aunque mantuvo que éste no supo de la atrocidad hasta después de que había ocurrido. Cierta interpretación de los hechos hicieron a John D. Lee suponer que Brigham Young quería que todo emigrante que pasara por el Territorio de Utah durante el toque del sitio fuera detenido o asesinado (Confesiones de John D. Lee, p. 383). Brigham Young no fue juzgado por la masacre hasta su muerte ese mismo año (1877). El acontecimiento de Mountain Meadows fue y ha sido hasta el día de hoy criticado duramente por detractores de la iglesia mormona contándose una gran cantidad de material bibliográfico dedicado a ello. Estos sucesos deben entenderse dentro de su contexto. Expulsados de sus hogares y con el riesgo siempre latente de ser atacados por aquellos que los habían perseguido en los estados del este, parte de los miembros de la iglesia mormona, cansados de las persecuciones, tomaron la decisión de auto defenderse aun matando a todos aquellos que cruzaran por el territorio y no fueran de su iglesia. La masacre de Mountain Meadows fue perpetrada por hombres que tomaron esta decisión en contra de las leyes tanto del país como de su iglesia. El líder mormón Gordon Hinckley que presidio la iglesia mormona entre 1994 y 2007, dio disculpas publicas debido al revuelo que se ha dado debido a la reciente publicación de un libro que trata sobre este tema y la iglesia mormona levanto un monumento conmemorativo a la masacre.
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