lunes

EMMA HALE DE SMITH CONFIESA

En Sagrada Soledad: Un encuentro con Emma Bidamon

  La convocatoria para este encuentro había sido anunciada con cierta anticipación debido a que se preveía, que acompañarían a la disertante, un grupo de invitados especiales, que aportarían, con su sola presencia, un marco de legitimidad incuestionable, al desarrollo de un tema, que no obstante no ser ignorado por los concurrentes, se considera que por distintas razones no había sido abordado hasta ahora con la seriedad y profundidad que por su trascendencia merece.

Se nos había anticipado de que en esta oportunidad tendríamos la ocasión de poder escuchar a una mujer que había vivido experiencias muy particulares a lo largo de su vida la cual había transcurrido en una época signada por desencuentros y conflictos, propios de una nueva gran nación que habría sus puertas a la emigración y acogía en su seno a multitudes provenientes de las más diversas culturas.

Su historia es la de alguien que se resiste a ser un mero objeto, un simple detalle agregado a los acontecimientos, como si su existencia sólo importase en relación a su grado de vinculación con el personaje central de los hechos, el cual le provee, como reflejo, cierto valor de referencia a un ser que de no mediar este vínculo, pasaría totalmente desapercibido por su intrascendencia.

Si alguna duda tendríamos en cuánto a la real significación de esta mujer, así como la de las otras mujeres que le acompañan en esta oportunidad, su exposición de motivos, sus vivencias, y sobre todo la claridad conceptual de sus argumentos, se encargarían de disiparla absolutamente.

Estos antecedentes, sobre la vida de nuestra invitada, que se nos habían adelantado, como no podría ser de otra manera, aumentaron nuestra expectativa, nos parecía que en esta oportunidad, veríamos surgir entre las sombras de una historia mal contada, que omitía en forma sutil hechos que no obstante haber sido manipulados por los relatores de turno, idealizadores de la realidad, estaban allí, como una flagrante evidencia, de que nada escapa a la luz de la verdad, una verdad tantas veces proclamada y prometida.

Esta vez , pensamos, se nos ofrecía una valiosa oportunidad de poder confrontar las imágenes creadas con la intención de decorar, realizadas por los teólogos redactores de la historia oficial, los escribas del sistema educativo, los expertos en preparar la comida espiritual pre digerida y preservada de toda contaminación, destinada a la alimentación de los espíritus “mansos  y obedientes” incapaces de vivir en la intemperie de la realidad, los que escudriñan en forma “autorizada” los hechos;

con los personajes, los verdaderos actores, que han protagonizado y escrito con sus acciones, la verdadera dimensión de los acontecimientos que han dado lugar al relato expresado con la convicción irrefutable de su autenticidad.

 
El ansiado día de nuestro encuentro llegó y a la hora prevista en el programa nos fuimos ubicando en nuestros lugares buscando la cercanía de aquellos integrantes del grupo con los cuales hemos podido cultivar relaciones muy afectuosas que con el pasar del tiempo se han ido transformando en una sincera amistad.

Todas las miradas convergían en el grupo de damas entre las cuales se encontraba la señora Emma S. Bidamon, la disertante del día, motivo de nuestra presencia y en la cual centrábamos nuestra mayor expectativa, por los motivos antes mencionados.

Su presencia en el estrado nos permitió observarla con detenimiento, ante nosotros estaba una mujer de elegante porte, de desplazamientos firmes y seguros, dotada de una simpatía natural y demostrando en sus acciones de que poseía el carisma necesario como para atrapar con sus argumentos el interés y la atención de todos los que estábamos presentes esa noche.

En compañía de Zoar que hacia las veces de anfitriona de este evento en representación del equipo organizador el cual estaba integrado por nuestros conocidos: Gabriel, Shulem, Nod, la propia Zoar, y Keila la Adivinadora de Endor.

La presentación de Emma Bidamon:

He querido comenzar mi participación realizando una muy breve introducción en la cual les mencionaré que esta noche me acompañan, como han podido observar un grupo de mujeres con las cuales me une un vínculo muy singular, me atrevo a decirles que difícilmente se pueda encontrar a lo largo de la historia una situación semejante a la que, por mandato divino, nos ha correspondido vivir.

Cada una de nosotras hemos sido unidas en el sagrado vínculo del matrimonio, para compartir nuestra vida con el mismo hombre, selladas y enmudecidas por el secreto que debimos aceptar bajo convenio de no poderlo divulgar a nadie, ni siquiera a nuestra propia familia, bajo pena de ser condenadas a sufrir los mas crueles castigos, castigos, que difícilmente la mente humana sea capaz de imaginar.

Una de las experiencias más duras y traumáticas que una mujer pueda soportar a lo largo de toda su existencia, bajo el yugo de una unión oficiada en un Santo Templo por el poder del sacerdocio, por esta vida y por toda la eternidad.

En lo personal, nos comenta Emma, he sentido desde siempre un firme rechazo a esta práctica infame del matrimonio plural, en varias oportunidades he sido severamente amonestada por lo que se consideraba un irreflexivo acto de rebeldía contra los designios del Creador y una actitud arrogante que desafiaba la autoridad patriarcal de mi esposo.


Esto que menciono a modo de introducción constituye la razón o el motivo por el cual estas damas han decidido acompañarme y compartir con ustedes sus experiencias de vida.

Pretendo irles relatando los hechos tal cual han ocurrido, prescindiendo de todo tipo de valoraciones que puedan revestir un carácter subjetivo o tendencioso, no ha sido ésta mi forma de encarar la vida y no tengo la menor intención de hacer innovaciones ahora.

De manera que lo que se pueda escuchar de mis labios esta noche, se limitará a un simple relato cronológico, de situaciones que por su trascendencia han conmocionado, no solamente la vida de los protagonistas de la acción, sino que se han proyectado a través de las generaciones futuras, y se han “amoldado” al servicio de “intereses” sectoriales, cada uno de ellos forjando una imagen de nuestra historia personal, tal como lo hace el alfarero con su masa.

El resultado puede llegar a ser estéticamente hermoso y grato a la vista, pero el receptor de tal imagen, desconoce cuales han sido los ingredientes introducidos en el amasijo.

Como nos referimos a situaciones en las cuales intervienen seres humanos, criaturas hijas amadas por su Creador, considero sumamente necesario, por respeto a los valores humanos que todos pretendemos preservar, que les escuchemos lo que nos tengan que decir, sus anhelos y frustraciones, sus penas y alegrías y sobre todo que les permitamos rescatar su propia identidad, la cal ha sido cruelmente “amasada” por las tendenciosas manos de los forjadores de imágenes.

Les recuerdo la advertencia de Jehová Dios registrada en las escrituras:

“ No harás para ti escultura, ni imagen alguna de cosa que está arriba en los cielos, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra.

No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, y que hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.”
                                                                                              Deuteronomio 5: 8 – 10

Hecha entonces esta aclaración, comenzaré mi exposición hablándoles sobre mi propia persona, con la finalidad de que puedan ubicarse mejor en el contexto de los hechos y obtener un punto de partida para luego realizar las valoraciones que vuestra propia conciencia les reclame.
 
Como todos ustedes ya saben mi nombre de nacimiento es Emma Hale, hija de Isaac Hale, un granjero de Harmony, Condado de Susquehana, Estado de Pensilvania.

En el mes de enero de 1827, contraje enlace con Joseph Smith, el cual se hospedaba en casa de mi padre y trabajaba como buscador de tesoros para el Sr. Josíah Stowell.

Los detalles de mi vida han sido lo suficientemente divulgados como para que me detenga a mencionarlos nuevamente, me limitaré a decirles solamente aquellos que les hayan sido omitidos y que en mi evaluación personal considere de que sea necesario agregar.

Por Ejemplo, he sido presentada ante ustedes como Emma Bidamon, por lo que debo decirles que en mi viudez, en aquellos terribles años que sobrevinieron al martirio de mi primer esposo, Joseph, contraje matrimonio con el Sr. Lewis Bidamon, el cual era propietario de una Taberna en Independence, Condado de Jackson, Estado de Misurí.

Hechas estas aclaraciones les comentaré algunos aspectos relacionados con el ministerio de mi esposo, Joseph, en su condición de profeta, vidente y revelador.

Muchas veces, a lo largo de toda mi vida, me han preguntado sobre si realmente yo creía en las revelaciones que Joseph mencionaba haber recibido, y yo siempre he respondido de que sí, que efectivamente mi esposo era un profeta de Dios.

No obstante lo expuesto,  me reservo el derecho de discrepar seriamente con algunos aspectos de su personalidad, que a mi entender, como su compañera y esposa, no le ayudaban a mantener una conducta acorde y coherente a la alta investidura con la cual había sido investido.

La magnitud de la obra que le había sido encomendada pugnaba cada día con las notorias limitaciones de su entorno, y las diversas actividades que tanto él  como mi cuñado Hyrum, habían realizado entre los crédulos buscadores de tesoros, que en aquella época, pululaban por nuestra incipiente nación, las cuales les causaron diversas dificultades, llegando incluso a ser condenados por la justicia.

Como entiendo que algunas de mis apreciaciones pueden despertar ciertas resistencias a mi relato, y que se puede llegar a pensar que las cosas que menciono puedan responder a un deseo personal de desprestigiarle mediante la calumnia y la distorsión de los hechos que menciono, les reitero que he amado a mi esposo y le he respetado durante toda nuestra vida de matrimonio.

las circunstancias que menciono son parte de mi experiencia de vida, que toda mujer que ha compartido una relación conyugal, seguramente lo puede entender, lo que nosotras vivimos en la intimidad de nuestro hogar, sólo nosotras lo sabemos, y sólo nosotras lo podemos evaluar en su justa dimensión ¿ no es cierto ? 


 Hecha esta aclaración y para evitar herir la susceptibilidad de algunos de ustedes que puedan sentirse ofendidos por mis expresiones, intentaré respaldar mis dichos, con la documentación correspondiente y haciendo referencia a prestigiosos historiadores que no obstante compartir la misma fe y principios enseñados por mi esposo, no han cerrado sus ojos ante la evidencia de los hechos.

Cuando nos casamos con Joseph, vivíamos en medio de tremendas penurias económicas, pues en el año anterior a nuestro casamiento, es decir en 1826, Joseph había sido condenado por la justicia y tuvo que hacerse cargo de los costes del juicio para evitar ser enviado a la cárcel.

He aquí el relato de la sentencia contra mi esposo:

“El pueblo del Estado de Nueva York contra Joseph Smith.

Orden judicial emitida bajo juramento de Peter G. Bridgman, quien informó que un Joseph Smith, de Bainbridge actuaba contra la ley y era impostor.

El prisionero fue llevado a la corte el 20 de marzo de 1826. Se le interrogó.

Dice que vino de la ciudad de Palmira, y que desde entonces estuvo la mayor parte del tiempo en casa de Josíah Stowell en Bainbridge; por un tiempo breve trabajó buscando minas, pero la mayor parte del tiempo estuvo empleado por Stowell en su granja, y estudiando; que tenía una piedra que había mirado ocasionalmente para determinar dónde estaban los tesoros escondidos en las entrañas de la tierra; que así pretendía saber a qué profundidad estaban las minas de oro, y que la había mirado varias veces para el Sr. Stowell, y le había informado dónde podía encontrar esos tesoros, y que el Sr. Stowell se había dedicado a cavar para buscarlos; que en Palmira pretendió saber, mirando su piedra, dónde había dinero enterrado en Pensilvania, y en Palmira, de modo que había asegurado a menudo dónde se encontraban objetos perdidos de diferentes clases; que en ocasiones ha tenido el hábito de mirar a través de esta piedra para encontrar objetos perdidos por tres años, pero que últimamente había dejado de hacerlo por ser dañino para su salud, en especial para sus ojos – le causaba dolor -; que no solicitó trabajo de esta clase, y que más bien siempre había rehusado involucrarse en este negocio... Y por lo tanto, la corte declara al acusado culpable.”

También poseo las facturas por los servicios del juez de paz Albert Neely, quien juzgó el caso, y del policía que estuvo a cargo de su detención.

Cabe agregar que Marvin S. Hill, historiador de la Universidad Brigham Young, ha declarado en varias ocasiones lo siguiente: “ Ahora la mayoría de los historiadores, sean miembros de la iglesia o no, que trabajan con las fuentes de información provenientes de la documentación histórica, aceptan sin reparos que realmente mi esposo trabajó como buscador de tesoros y de objetos perdidos.”
 
Leamos ahora parte del relato de mi esposo el cual está inserto en el Libro: La Perla de Gran Precio bajo el subtítulo: Joseph Smith – Historia:

“ ... Después que fui a vivir a la casa de él, me llevó con el resto de sus trabajadores a excavar en busca de la mina de plata, en lo cual estuve trabajando cerca de un mes sin lograr el éxito en nuestra empresa; y por fin convencí al anciano señor que dejase de excavar.

Así fue como se originó el rumor de que yo había sido buscador de dinero.

Durante el tiempo que estuve en ese trabajo, me hospedé con el señor Isaac Hale, de ese lugar.

Fue allí donde por primera vez vi a mi esposa ( su hija ), Emma Hale.

Nos casamos el 18 de enero de 1827 mientras yo todavía estaba al servicio del señor Stoal.

Por motivo de que continuaba afirmando que había visto una visión, la persecución me seguía acechando, y la familia del padre de mi esposa se opuso muchísimo a que nos casáramos.

Por lo tanto, me vi obligado a llevarla a otra parte, de modo que nos fuimos y nos casamos en la casa del señor Tarbill, en South Bainbridge, Condado de Chenango, en Nueva York.

Inmediatamente después de mi matrimonio, dejé el trabajo del señor Stoal, me trasladé a la casa de mi padre y con él labré la tierra esa temporada.”
                                                                                  Joseph Smith – Historia 56 – 58

Estoy segura que los que los que ya han tenido la oportunidad de haber leído estos pasajes que he citado, encontrarán ahora en los mismos un contenido mucho más amplio del que habían captado hasta ahora.

Este relato menciona como al pasar, uno de los episodios más tremendos de mi vida,
nada se dice sobre mi temple, ni que he sido desarraigada por mi propia familia, que no obstante ser una mujer sin ninguna experiencia extramarital, tuve que casarme lejos de mi familia, en la casa de personas extrañas para mí, para luego ir a vivir con la numerosa familia de mi esposo, a quienes jamás siquiera había visto una vez, en medio de las mayores penurias económicas y privada de todo lo que hasta entonces había sido parte esencial de mi vida, familia, amigos, etc.

Me he preguntado muchas veces, ¿ qué saben los hermanos de la iglesia sobre Emma Smith ?  y lo mas terrible de una pregunta: ¿ qué les han contado  sobre   Emma Smith ?  los manipuladores, los forjadores de imágenes prediseñadas, para que éstas, posean un perfil adecuado a la trascendencia e importancia del personaje central.




La traducción del Libro de Mormón:

A modo de introducción, daremos lectura al versículo 59 de Joseph Smith – Historia:

“ Por fin llegó el momento de obtener las planchas, el Urim y Tumin y el pectoral.

El día veintidós de septiembre de mil ochocientos veintisiete, habiendo ido al fin de otro año, como de costumbre, al lugar donde estaban depositados, el mismo mensajero celestial me los entregó, con esta advertencia:

que yo sería responsable de ellos; que si permitía que se extraviaran por algún descuido o negligencia mía, sería desarraigado; pero que si me esforzaba con todo mi empeño por preservarlos hasta que él ( el mensajero ) viniera por ellos, entonces serían protegidos.”

Joseph, llegó a la casa con lo que le había sido confiado por el ángel, y lo cubrió con una manta de gamuza muy suave para su preservación, él habló conmigo, en un tono grave y solemne, diciéndome que nadie, ni siquiera yo, podía descubrir lo que esta envuelto en la manta, que ocurriría con quien se atreviese a hacerlo, lo mismo que había sido dispuesto por el Señor con relación al Arca del Testimonio, en la época de Moisés, de manera que tuve que asegurarle que nada ni nadie podría siquiera acercarse a donde ellas estuviesen.

Como se pueden imaginar, un objeto de esa naturaleza motivó la lógica curiosidad de todos, pero ante la severa advertencia dada por Joseph, ninguno osó siquiera intentar acercarse a las mismas.

Debo aclararles de que fui autorizada a acercarme a ellas y a moverlas de un lado a otro de la habitación, cada vez que hacía la limpieza de la casa, eso sí, jamás me animé a descubrir lo que estaba cubierto por la manta de gamuza.

He sido yo la primera persona que ofició de escribiente de mi esposo, de manera de que puedo darles algunos detalles que seguramente nadie les ha dicho de cómo era que se realizaba este procedimiento.

Joseph, se sentaba a un lado de la mesa y al medio de la misma se colgaba una manta a modo de velo entre nosotros dos, Joseph se ponía el pectoral con el Urim y Tumin y luego me iba relatando la traducción de las planchas a las cuales me estaba vedado observar.

El Urim y Tumin, era una pieza compuesta por dos piedras que daban la sensación de ser cuarzo muy transparente, engarzadas en dos aros de plata, debían encajarse en un pectoral  cuyas dimensiones habían sido previstas para ser usado por alguien, cuyo físico fuese mucho mas grande que el de mi esposo, era además muy pesado y la distancia entre las piedras y el objeto a observar, hacían del acto de traducir, algo sumamente dificultoso de realizar.

 
El pectoral y el Urim y Tumin, fueron objetos a los cuales se me permitió observar y tocar, pues mi esposo en muchas ocasiones necesitaba de ayuda para lidiar con ellos.

Lo que seguramente ustedes no saben, es que el Urim y Tumin fue utilizado únicamente para la traducción de las primeras ciento dieciséis páginas, las que posteriormente fueron extraviadas por Martín Harris.

Posteriormente a este hecho, por el cual, Joseph, fue severamente amonestado por el Señor, y pasó un largo tiempo sin la capacidad de traducir, una vez de que estuvo en condiciones de continuar, suplantó el uso del Urim y Tumin, que como les he explicado era sumamente engorroso de usar, además de causarle tremendos dolores en su espalda y cuello ( en las noches sentía tantos dolores de que necesitaba de mi atención para intentar aliviarlos) por la Piedra de Vidente que había encontrado en una excavación que estaba realizando con mi cuñado Hyrum, la misma por la que había sido procesado por la justicia, tal como ya les he relatado.

La Piedra de Vidente, era una piedra ovalada de color marrón oscuro, parecía un huevo grande, que Joseph ponía debajo de un sombrero para concentrar su luz, y levantando levemente el ala del sombrero miraba en su interior la traducción del texto que estaba colocado debajo de la piedra.

La gran mayoría de las traducciones realizadas por mi esposo han sido mediante este procedimiento.

He aquí algunos testimonios:

El historiador, miembro de la iglesia, B. H. Roberts, en su libro: Historia de la Iglesia, tomo 1 página 129, nos dice lo siguiente:

“ La Piedra de Vidente a la que se hace referencia aquí era ovalada y de color marrón, hallada por el Profeta cuando cavaba un pozo con su hermano Hyrum, para el Sr. Clark Chase, cerca de Palmira, Nueva York.

Poseía las cualidades del Urim y Tumin, puesto que mediante ella – como se describió antes – y mediante los intérpretes hallados con el registro nefita, Joseph pudo traducir los caracteres grabados en las planchas.”

David Whitmer, uno de los tres testigos de El Libro de Mormón, describió cómo mi esposo colocaba la Piedra de Vidente dentro de un sombrero para traducir:

Les describiré ahora la forma en que se tradujo El Libro de Mormón.

Joseph puso la Piedra de Vidente en un sombrero y colocó la cara en el sombrero, acercándolo a su rostro para tapar la luz. Apareció un pedazo de algo semejante a pergamino, y en éste apareció la escritura.”
            An Address to All Believers in Christ, por David Whitmer, 1887, p. 12




En una carta, que ha pedido de mi hijo, Joseph Smith III, escribí el 27 de marzo de 1876, manifesté lo siguiente:

“ Lo primero que tradujo mi esposo, lo hizo usando el Urim y Tumin, y esa es la parte que Martín Harris perdió, y después de eso él uso una piedra pequeña, que no era negra exactamente, pero era de color oscuro.

El Urim y Tumin se usó, reitero, sólo para la traducción de la porción entregada a Martín Harris, después el resto de la traducción se realizó utilizando la Piedra de Vidente.”
James E. Lancaster, Saints’Herald, 15 de noviembre de 1962.

También hay una copia de esta carta en:  Early Mormon Documents, tomo 1, p.532.

Nuestros primeros desencuentros:

Como ya les he mencionado, he sido yo la primera escribiente que ayudó a Joseph a traducir, de manera de que he tenido el privilegio de ser la primera persona en escribir los textos sagrados, muchos pasajes han quedado grabados para siempre en mi corazón y han sido la causa de mis desavenencias mayores con la conducta de mi esposo.

Quizás la imagen que tengan de mí, sea la de una mujer ignorante y egoísta, que no aceptaba doblegarme al mandato divino, y eso es posible que así sea, pero les diré algunas cosas, en compañía de éstas mujeres que me acompañan, que quizás les ayude a comprenderme mejor.

En principio, les invito a leer conmigo algunos pasajes del Libro de Jacob, siempre he admirado la valentía de este hermano de Nefi para exponer sin pelos en la lengua todas las desviaciones en las que habían  incurrido los nefitas, y la claridad conceptual con que advertía sobre la verdadera doctrina de Cristo.

Así, les hablaba Jacob:

“ Mas la palabra de Dios me agobia a causa de vuestros delitos más graves.

Porque he aquí, dice el Señor: Este pueblo empieza a aumentar en la iniquidad; no entiende las Escrituras, porque trata de justificar sus fornicaciones, a causa de lo que se escribió acerca de David y su hijo Salomón.

He aquí, David y Salomón en verdad tuvieron muchas esposas y concubinas, cosa que para mí fue abominable, dice el Señor.

Por lo tanto, el Señor dice así:






He sacado a este pueblo de la tierra de Jerusalén por el poder de mi brazo, a fin de levantar para mí una rama justa del fruto de los lomos de José.

Por tanto, yo, el Señor Dios, no permitiré que los de este pueblo hagan como hicieron los de la antigüedad.

Por tanto, hermanos míos, oídme y escuchad la palabra del Señor: Pues entre vosotros ningún hombre tendrá sino una esposa; y concubina no tendrá ninguna;

... Porque yo, el Señor, he visto el dolor y he oído el lamento de las hijas de mi pueblo en la tierra de Jerusalén; sí, y en todas las tierras de mi pueblo, a causa de las iniquidades y abominaciones de sus maridos.

Y no permitiré, dice el Señor de los Ejércitos, que el clamor de las bellas hijas de este pueblo, que he conducido fuera de la tierra de Jerusalén, ascienda a mí contra los varones de mi pueblo, dice el Señor de los Ejércitos.

Porque no llevarán cautivas a las hijas de mi pueblo, a causa de su ternura, sin que yo los visite con una terrible maldición aun hasta la destrucción; porque no cometerán fornicaciones como los de la antigüedad, dice el Señor de los Ejércitos.

Y ahora bien, he aquí, hermanos míos, sabéis que estos mandamientos fueron dados a nuestro padre Lehi; por tanto, los habéis conocido antes; y habéis incurrido en una gran condenación, porque habéis hecho estas cosas que no debías de haber hecho.

He aquí habéis cometido mayores iniquidades que nuestros hermanos los lamanitas.

Habéis quebrantado los corazones de vuestras tiernas esposas y perdido la confianza de vuestros hijos por causa de los malos ejemplos que les habéis dado; y los sollozos de sus corazones ascienden a Dios contra vosotros, han perecido muchos corazones, traspasados de profundas heridas.”
                                                                                  Jacob  2:  23 – 35

Estas palabras surgidas desde el polvo de la historia, han sido para mí, y para las mujeres que me acompañan, una revelación personal acerca  de las vicisitudes que nos sobrevendrían por causa de las iniquidades de nuestros maridos, pues hablo en el nombre de ellas y lo hago extensivo a todas las mujeres que a partir del año 1842, han sido sometidas al más inhumano de los castigos que pueda sufrir una mujer discípula de Cristo, me refiero como se habrán dado cuenta, al martirio de compartir un matrimonio plural.

El Libro de Mormón ha sido publicado por primera vez en el año 1830, y ha sido desde entonces uno de los libros básicos de la doctrina de la Iglesia, su contenido es la palabra de Dios, un canon, una vara de medir nuestras acciones, así siempre lo consideré y es justamente por su contenido y por las palabras de Jacob, que hemos leído, que voy a dar el siguiente paso, en esta exposición.




En el año 1842, estando viviendo en la ciudad de Navoo, mi esposo comenzó a involucrarse seriamente en la francmasonería, sentía de que allí se encontraban los signos y señas del verdadero sacerdocio de Dios, y que debía restaurarlos al igual que había hecho con la Iglesia de Jesucristo, porque a su entender, también ellos se habían desviado y corrompido.

Tanto él, como la gran mayoría del quórum de los doce, así como mi cuñado Hyrum y otros líderes que debido al secreto imperante me resultaba casi imposible de corroborar, se convirtieron en connotados miembros de la masonería.

El local donde funcionaba la Gran Logia de Navoo, se convirtió en el centro de operaciones del liderazgo de la iglesia y fue en ese lugar donde comenzaron a realizarse las primeras uniones plurales de Joseph con las hijas de sus allegados más íntimos.

Estas uniones llamadas sellamientos se realizaban en secreto, con absoluto sigilo y con la complicidad de unas pocas personas, en ese entonces yo tuve la confirmación de estas uniones secretas que se realizaban sin mi consentimiento,( es una burda mentira la mención de que en algún momento yo pude haber consentido tal proceder)
y hablándole a Joseph muy seriamente le reproché su proceder y decidí desde ese día jamás volver a compartir el lecho nupcial con mi esposo.

Lo increíble de todo esto ha sido el cambio radical de conducta  con relación al matrimonio y la vida familiar, del año 1830, año en que se publicó por primera vez El Libro de Mormón, donde estaban contenidas las claras enseñanzas de Jacob,  a este año de 1842, habían pasado solamente doce años, me resulta inadmisible, que en tan poco tiempo, se produjeran cambios tan tremendos en la doctrina de nuestra iglesia.

Todavía teníamos niños pequeños y algunos apenas eran adolescentes, nunca antes se había siquiera mencionado en las enseñanzas de la iglesia el ahora llamado matrimonio patriarcal, les afirmo, de que esto para mí ,fue algo tan traumático, que hasta el día de hoy no lo he podido superar ni aceptar.

Joseph, pasados unos días , me dijo de que había recibido una revelación de los cielos y que debía de ser obediente a los mandamientos del Señor, me puso entre mis manos un escrito el cual fue asentado el 12 de julio de 1843, en el Libro de las Revelaciones, hoy conocido como Libro de Doctrina y Convenios, y es la actual sección 132.

Les solicito que tengan la amabilidad de acompañarme en la lectura de algunos de estos versículos:

“ De cierto, así te dice el Señor, mi siervo José, que por cuánto te has dirigido a mí para saber y entender cómo es que yo, el Señor, justifiqué a mis siervos Abraham, Isaac y Jacob, como también a Moisés, David y Salomón, mis siervos, tocante al principio y doctrina de tener muchas esposas y concubinas,



he aquí, soy el Señor tu Dios, y te contestaré en cuánto a este asunto.

Por tanto, prepara tu corazón para recibir y obedecer las instrucciones que estoy a punto de darte, porque todos aquellos a quienes se revela esta ley, tienen que obedecerla.

Porque he aquí, te revelo un nuevo y sempiterno convenio; y si no lo cumples, serás condenado, porque nadie puede rechazar este convenio y entrar en mi gloria.

Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal bendición, así como sus condiciones, según fueron instituidas desde antes de la fundación del mundo.

Y en cuánto al nuevo y sempiterno convenio, se instituyó para la plenitud de mi gloria; y el que reciba la plenitud de ella deberá cumplir la ley, y la cumplirá, o será condenado, dice el Dios el Señor.”
                                                           Doctrina y Convenios 132: 1 – 6

Estas palabras, contenidas en las hojas que Joseph, dejó entre mis manos, seguramente escritas por alguno de sus asistentes, pues él tenía notorias dificultades para escribir, tuvieron en mí, el mismo efecto que el de una sentencia de muerte, por primera vez en vida, supe lo que significa la violencia de género, y tuve la clara impresión que ese día, se estaba rompiendo un dique, el dique que contenía la falta de escrúpulos de mi esposo y que de ese instante en adelante, nada ni nadie podría detenerlo.

Sigamos leyendo parte de estos escritos dejados en mi mano, yo sabía que éstos escritos, eran la respuesta a mis reclamos en cuánto a su conducta, ahora ya no se trataba de lo que en mi  fuero intimo pudiera pensar o sentir, ahora era el Señor que imponía una ley a la cual no cabía otra opción que obedecerla, quien se resistiese al mandato divino caería en la desobediencia y la condenación.

Los pasajes que voy a citarles son de contenido muy fuerte y violentan terriblemente las palabras de Jacob, el hermano de Nefi, las cuales hemos leído anteriormente.

Leamos:

“ Mas si no entras en mi ley, no puedes recibir la promesa que mi Padre hizo a Abraham.

Dios mandó a Abraham, y Sara de dio a Agar por esposa a Abraham.

¿ Por qué lo hizo ? Porque era la Ley; y de Agar nacieron muchos pueblos.

De modo que, entre otras cosas, esto cumplió las promesas.



¿ Se halló, pues, Abraham bajo condenación ? De cierto te digo que no, porque yo, el Señor, lo mandé.

A Abraham se le mandó sacrificar a su hijo Isaac; sin embargo estaba escrito: No matarás. No obstante, Abraham no se negó, y se le contó por obra justa.

Abraham recibió concubinas, y le dieron hijos; y se le contó por obra justa, porque le fueron dadas, y se sujetó a mi ley; tampoco Isaac ni Jacob hicieron cosa alguna sino lo que les fue mandado; y porque no hicieron sino lo que se les mandó, han entrado en su exaltación, de acuerdo con las promesas, y se sientan sobre tronos, y no son ángeles sino dioses.

Hago un  alto en la lectura, simplemente para remarcar, que esta ha sido la primera vez que mi esposo eleva a la condición de dioses, que se sientan sobre tronos, a los grandes patriarcas, Abraham, Isaac y Jacob, en ninguna otra oportunidad desde entonces, he encontrado una afirmación semejante y dudo mucho que alguien se atreva hacerlo actualmente.

Continúo con la lectura:

David también recibió muchas esposas y concubinas, y también Salomón y Moisés, mis siervos, desde el principio de la creación hasta hoy; y en nada pecaron sino en las cosas que no recibieron de mí.

David recibió sus esposas y concubinas de mí, por conducto de Natán, mi siervo, y de otros profetas que tenían las llaves de esta potestad; y en ninguna de estas cosas pecó contra mí, sino en el caso de Urías y su esposa; así que, ha caído de su exaltación y ha recibido su porción; y no las heredará fuera del mundo, porque se las di a otro, dice el Señor.

Yo soy el Señor tu Dios, y a ti, mi siervo José, yo te di un nombramiento, y restauro todas las cosas. Pide lo que quieras, y te será dado según tu palabra.”
                                                                       Doctrina y Convenios 132: 33 – 40

Con relación al contenido de este último versículo, veremos que mi esposo, se consideró investido de tanto poder, que no dudó en afirmarme, que cuánta cosa el decida tener, nada ni nadie podría impedir que la tuviese.

  1. Cuando comience a citar pasajes de la vida de las mujeres que hoy me acompañan, piensen, sobre todo, las damas educadas que son parte de esta audiencia, a las cuales les dejo latente una pregunta: ¿ cómo sería vuestra reacción y cuáles serían vuestros sentimientos hacia Dios, si un día, alguien que ha sido investido como Profeta y  es poseedor de todas las llaves del sacerdocio, les comunica que el Señor, vuestro Dios, les ha dado el  mandamiento de unirse en matrimonio plural por este tiempo, y por toda la eternidad.?    





Necesito, aspirar hondo, tomar unos sorbos de agua, no es nada fácil para mí  decirles estas cosas, como seguramente comprenderán.

Mientras me tomo este breve tiempo, les proyectaré en la pantalla, las palabras de Jacob, las cuales han sido para mí, una fuente de consuelo e inspiración ...

“ Y ahora ceso de hablaros concerniente a este orgullo. Y si no fuera que debo hablaros de un crimen más grave  mi corazón se regocijaría grandemente a causa de vosotros.

Mas la palabra de Dios me agobia a causa de vuestros delitos más graves. Porque he aquí, dice el Señor: Este pueblo empieza a aumentar en la iniquidad; no entiende las Escrituras, porque trata de justificar sus fornicaciones, a causa de lo que se escribió acerca de David y su hijo Salomón.

He aquí, David y Salomón en verdad tuvieron muchas esposas y concubinas, cosa que para mí fue abominable, dice el Señor.

Por tanto, el Señor dice así: He sacado a este pueblo de la tierra de Jerusalén por el poder de mi brazo, a fin de levantar para mí una rama justa del fruto de los lomos de José.

Por tanto, yo el Señor Dios, no permitiré que los de este pueblo hagan como hicieron los de la antigüedad.

Por tanto, hermanos míos, oídme y escuchad la palabra del Señor: Pues entre vosotros ningún hombre tendrá sino una esposa y concubina no tendrá ninguna;”
                                                                       Libro de Mormón,  Jacob 2: 22 -27

... Bueno, ahora sí, continuamos:

Vamos a entrar en el desarrollo de una temática que es sumamente difícil de abordar, como ya se habrán dado cuenta, soy un tanto punzante en mis apreciaciones, de manera que voy a ponerme voluntariamente un freno, de aquí en adelante, voy a dejar de lado a la hermana Emma, para permitirles conocer el pensamiento, de uno de los historiadores más brillantes y honestos, de todos los que han investigado la vida íntima de las esposas plurales de Joseph.

Me refiero al Dr. Todd Compton, autor del libro: In Sacred Loneliness: The Plural Wives of Joseph Smith, - Signature Books, 1997, 788 páginas, ISBN, 1-56085-085-X

Lo que haremos  ahora es solicitarles a las damas que me acompañan que tengan la amabilidad  de ponerse de pie a fin de que las puedan conocer mejor, al finalizar esta exposición tendremos mucho gusto en responderles todas las preguntas que sientan la necesidad de realizarles.





Comenzaremos entonces a citar algunas experiencias en la vida de estas mujeres, respaldando nuestros dichos, en la palabra autorizada del Dr. Todd Compton.

La obra cuyo título les mencione anteriormente, es un trabajo minucioso realizado por un hombre que además de ser una autoridad en la materia, que goza de un indiscutido prestigio, es una persona que hace cuestión de señalar de que es un miembro fiel de la iglesia y que no pone en tela de juicio la condición de profeta y revelador de mi esposo.

El Dr. Tood Compton pertenece a una generación de historiadores que han tomado sobre sí la tarea de desentrañar todos los acontecimientos ocurridos en los albores de la restauración de la iglesia, en una forma científica, analizando la profusa documentación recogida de las más diversas fuentes : documentos oficiales, archivos de la iglesia, bibliotecas públicas y privadas, publicaciones, registros familiares, etc.

  1. En esta línea corresponde que mencione : La enciclopedia “Mormon Doctrine” obra del apóstol Bruce R. McConkie, - actualmente puesta en tela de juicio por los teólogos del Sistema Educativo - , la obra de Joseph Fielding Smith en la cual aparecen aportes de destacados teólogos protestantes de la talla de Karl Barth, Emil Brunner   y Reinhold Niebuhr, el valioso aporte de un miembro prominente de la iglesia como Sterling Murray, el cual ocupó un alto cargo político en el gobierno de los Estados Unidos, desempeñándose como Comisionado Nacional para la Educación, bajo la presidencia de Kennedy.

Debo destacar además, el valiosísimo aporte de Hugh Nibley, la revista “ Brigham Young University Studies ” publicaciones como “Dialogue” y “Sunstone”.

Todos han contribuido para que se profundizara en los estudios históricos sobre el origen de la iglesia, especialmente debo destacar la “Mormon History Association” fundada en el año 1965, así como la nueva historiología mormona, escrita por Leonard Arrington,  con el título “New Mormon History”.

Toda esta literatura está al alcance de las personas que puedan comprender el idioma inglés, lamentablemente no se conocen traducciones en otros idiomas, ni se divulgan catálogos informativos fuera del Estado de Utah.

Les menciono todo este caudal literario que ha sido impreso en los últimos cuarenta años, para que puedan cotejar a través de la lectura la veracidad de la información que les he estado brindando, como habrán podido apreciar a lo largo de esta extensa charla, he puesto un especial cuidado en respaldar mis dichos con las respectivas referencias debidamente documentadas.

Les daré ahora un breve resumen del libro de Tood Compton, en el cual podrán conocer algunos pasajes de la vida de mis amigas que hoy me acompañan, ustedes ya las han visto, sólo me resta decirles sus nombres:




Ellas Son:  Almera Johnson, Emily Dow Partridge, Eliza Marie Partridge, Sarah Ann Whitley, y Helen Mar Kimball.

Les recomiendo la lectura de todo el libro, es una obra voluminosa de 788 páginas, donde se aborda con seriedad y total falta de sensacionalismo, un asunto urticante que tiende a polarizar a todos los que intentan informarse sobre lo que realmente ha ocurrido, me refiero a la poligamia practicada por mi esposo.

Soy plenamente conciente de que es un tema que incomoda, que nadie quiere que se ventile, que hay demasiadas personas, en el liderazgo de la iglesia, que entienden que es altamente inconveniente hablar de este asunto, que no conduce a nada constructivo, que solamente los detractores y apostatas se interesarían por algo así, en fin, son muchos los argumentos que se esgrimen, pero, ¿ saben una cosa ? nadie se ocupa de desmentirlo, la poligamia aún está latente en la doctrina de la iglesia, como está latente y se aplica la Orden Unida desde el día 7 de junio de 1831.

Es muy difícil esperar tolerancia y neutralidad cuando uno se enfrenta a los hechos.

La obra de Compton, nos revela:

-          El Profeta Joseph tomó por lo menos a 33 mujeres como esposas

-          Que estos matrimonios se realizaban por esta vida y por la eternidad y se     
consumaban en el lecho nupcial.

            -    Que se realizaban en secreto y con el especial cuidado de que yo, Emma,
      no me enterara.

El autor de la obra ubica el tema de la poligamia dentro del contexto histórico en que se desarrollaba la vida de los hombres y mujeres, en las primeras décadas del siglo XIX, y dedica por lo menos un capítulo a cada de las esposas de Joseph, describiendo su entorno familiar, y las distintas reacciones, que un hecho de esta naturaleza, por lo insólito y sorprendente, provocaba en cada uno de ellos.

Comenzaré relatándoles el caso de Almera Johnson:

Debemos tener en cuenta que la gran mayoría de los miembros de la iglesia, y por supuesto, los que no pertenecían a ella, desconocían totalmente esta práctica, que les repito, se realizaba en absoluto sigilo.

Cuando Joseph, le menciona al hermano de Almera, Benjamín Johnson, que Dios le había ordenado tomar otras esposas, y que una de ellas sería su propia hermana, ocurrió lo que se transcribe en la obra de Compton:




Benjamín expresó su reacción de esta manera:

“ Sus palabras me colmaron de asombro, y por poco me quitan el aliento, me quedé lívido por el impacto que me provocaron sus palabras... me senté por un rato y quedé estupefacto con mi cara entre las manos, estaba casi listo de reventar por la emoción.

En casi una agonía de múltiples sentimientos que me venían a la mente... Le miré directamente a la cara, y dije: Hermano Joseph, esto es algo que nunca pensé que me podría ocurrir y que sinceramente no comprendo, sólo tú sabes si esto es correcto, yo no.

Yo quiero obedecer el mandato del Señor y hacer las cosas tal como tú me lo dices y sabe Dios que lo intentaré, pero una cosa siento que debo decirte con absoluta franqueza, si en cualquier tiempo llego a saber que has hecho esto para deshonrar y seducir a mi hermana, te mataré,  tan seguro como que vive el Señor”
                                                                                              Página 296

Convencido Benjamín de las intenciones de Joseph, decide comunicárselo a su hermana, ambos, Benjamín y Almera, creían firmemente de que Joseph era el Profeta de Dios y que debían ser obedientes al mandato divino, de manera que consienten en realizar el matrimonio.

En el mes de abril de 1843, Elmira Johson, se convirtió en la esposa número 21 de Joseph, el contaba en ese entonces con 38 años de edad y ella estaba para cumplir los 30 años.

Benjamín nos provee algunos detalles inéditos de lo que sucedió posteriormente:

“ Después de la ceremonia el profeta me pidió que llevara a mi hermana a que ocupara el cuarto Nro. 10 en la Casa Mansión de Joseph durante el tiempo que ella permanezca en la ciudad.

A la mañana siguiente, fui por mi hermana y me la lleve conmigo nuevamente.

Pasadas unas tres semanas después del matrimonio, el profeta Joseph nos visitó y estando en mi casa, ocupó el mismo dormitorio y la misma cama con mi hermana.

Recuerdo que el mismo dormitorio y la misma cama, el profeta Joseph lo ocupó el mes pasado con la hija del ya difunto Obispo Partridge como esposa.”
                                                                                              Páginas 297 – 298

Compton hace una aclaración con respecto a la hija del difunto Obispo Partridge, que no se sabe a cuál de sus dos hijas se referia Benjamín, si se trataba de Emily Dow, quién tenía 19 años de edad, o de su hermana, Eliza Marie, de 22 años, pues Joseph, se había casado con ambas los días 4 y 8 de marzo respectivamente.




Agrega Compton en su relato, que inicialmente ninguna de las dos hermanas sabían que Joseph se había casado con ambas, pues ambos matrimonios se habían realizado en absoluto secreto.

La obra de Compton nos conduce a través de las vidas de cada una de estas mujeres, es por medio de su relato, que cada una de ellas cobra protagonismo, que logran escapar del anonimato y de la pérdida de su propia identidad, muchas de ellas condenadas en vida, en el acuerdo de partes que efectuaba Joseph, directamente con sus padres , tal como lo haría un monarca con cualquiera de sus vasallos.

Tal es el caso de Sarah Ann Whitney:

Estos pasajes que les citaré, nos brindarán una clara muestra de la maestría de Compton en el manejo de la información, que les repito una ves más, es una información que está al alcance de cualquiera que se interese por conocer la verdad de los hechos, son parte de nuestra historia aunque pretendamos cubrirlas con un manto, como quién pretende ocultar sus  partes más íntimas, no por simple decoro, cosa que entiendo y comparto, sino por la vergüenza que estos actos aberrantes nos puedan producir.

El autor admite lo difícil que resulta la tarea de presentar un retrato completo y correcto de cada uno de los casos y es por eso que nos dice:

“Como la poligamia inicial fue secreta y no oficialmente documentada, hay muchas inseguridades, incluso intentando realizar una descripción conservadora, de la familia extendida de Joseph.”
                                                                                                          página IX

“ En la primavera de 1842, el Profeta mantuvo una entrevista en privado con su buen amigo Newell . Whitney , uno de sus hombres de confianza a quién él había puesto como Obispo Presidente de la Iglesia, en esa entrevista le mencionó, que el Señor de había dado ciertas instrucciones que debía compartir con el hermano Whitney y su esposa.

Acordaron un encuentro en la casa de los Whitney y entonces allí, el Profeta les presentó lo que llamó “ el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio ”.

Les dijo, además, que el propio Señor les enviaba, a través de él, una revelación que les prometía la salvación eterna para ellos si obedecían este nuevo mandamiento.

También les anunció que el Señor le había dado como esposa, en el nuevo y sempiterno convenio, a la hija de ambos, Sarah Ann Whitney.

La revelación decía:







“ De cierto, así dice el Señor a mi siervo N. K. Whitney, la cosa que mi siervo Joseph les ha hecho saber a ti y a tu familia, y de la cual habéis consentido poniéndose de acuerdo, está correcto ante mis ojos y os será por galardón sobre vuestras cabezas, con honor, inmortalidad y vida eterna para tosa tu casa.

La revelación continuó dándoles detalles sobre cómo sería la ceremonia del matrimonio de Joseph con su hija, incluyendo la siguiente proclamación:

Ahora pues, doy a ti Sarah A. Whitney, mi hija, a Joseph Smith, para que seas su esposa bajo el sagrado convenio del matrimonio, para observar todos los derechos y obligaciones, y recibir todas las promesas que están reservadas para los que pertenecen a esa condición.”
                                                                                  Página  348

Sarah Ann, tenía por entonces 17 años.

Nos comenta Compton que aunque el padre de  Sarah estaba de acuerdo y había autorizado el casamiento de su hija, Joseph percibió que el hermano mayor de la joven, Horacio, ha dado claras señales de desaprobación, pasados unos pocos días el hijo mayor de los Whitney, fue enviado a servir una misión en el Este.

Sara Ann, había recibido propuestas de matrimonio de uno de los hermanos Higbee que era muy amigo de Horacio.

Cuando se conoce en el medio que el hijo mayor de los Whitney era sorpresivamente enviado a una misión en el Este, hubo mucha suspicacia sobre la forma de proceder de Joseph, cuando la presencia de los hermanos varones comprometía de alguna manera sus propósitos.

Como un mes más tarde de estos sucesos, Joseph escribió una carta a los Whitney en la cual les pedía que le vinieran a visitar en secreto y que trajeran consigo a su hija.

En la carta se especificaban algunas instrucciones:

“ La única cosa en que hay que tener cuidado es el de saber cuándo viene Emma, pues entonces no puedes estar seguro de que todo saldrá bien, pero cuando no está ella, entonces tendrán perfecta seguridad.

Solamente deben tener cuidado de que nadie les esté observando cuando lleguen, deben extremar los cuidados tanto como les sea posible, yo sé que les puede resultar un esfuerzo heroico, pero en compensación, cuánto mayor nuestra amistad, y cuán mayor la alegría.







Cuando les vea, les diré todos mis planes, pero no puedo darles más detalles en el papel, quemen esta carta tan pronto la lean, mantengan todo trancado dentro de sus pechos, pues en esto depende mi seguridad y aún mi vida.

Pienso que Emma no vendrá esta noche, si no viene ella no fallen en venir.

Les saluda, su obediente, cariñoso, compañero y amigo, Joseph Smith. ”
                                                                                              Páginas 349 – 350

Es posible captar a través de estas líneas escritas, la atmósfera clandestina que rodeaba a la práctica de la poligamia en Navoo.

El trabajo de Compton es honesto y está  situado por encima de cualquier sospecha de parcialidad, no obstante, como les he dicho reiteradamante es un miembro activo de la iglesia en Utah, y un historiador de reconocido prestigioso y autorizada opinión profesional.

En las páginas 497 al 500, de su obra, a modo de opinión personal, el autor nos brinda su impresión sobre este tema, planteándonos lo siguiente;

“ Existe en lo mayoría de los matrimonios polígamos de Joseph, una clara intención de ir creando lazos de tipo dinástico con las familias de los líderes más encumbrados de la iglesia, opino, nos dice Compton, que el Profeta busca establecer una relación profunda y perdurable con los parientes y unirlos a sí mismo, existe algo de evidencia que apunta en ese sentido, aunque parecería ser que los padres de sus esposas no han captado en el mismo sentido que el profeta el verdadero motivo de esa unión.

La evidencia en ese sentido apunta mas bien a que consideraban la unión de Joseph con sus hijas en el sentido “natural” de lo que debería ocurrir en la relación entre un hombre y una mujer.”

Después de analizar exhaustivamente los distintos matrimonios de Joseph, Compton reconoce que:

“ Estos datos sugieren que la atracción sexual por estas mujeres, formó un papel importante en la poligamia de Joseph, sobre todo si se considera la extrema juventud de algunas de ellas, por ejemplo: Sarah Ann Whitely, de 17 años y de Helen Mar Kimball, de 14 años.

De hecho, el mandato de multiplicar y llenar la tierra es uno de los ejes centrales de la teología del matrimonio plural, si bien se realizaban en secreto y en muchos casos no existen registros oficiales, sino que hemos tenido que recurrir a los registros familiares de las personas que ostentan con indisimulada satisfacción su parentesco con el Profeta, estas ceremonias se realizaron el  Templo y fueron selladas por el Santo Espíritu de la Promesa, para obtener honra, inmortalidad y vidas eternas.”
                                                                                                          páginas 11 – 12

 
Creo que es tiempo de dar término a mi exposición de esta noche, los tópicos que se han desarrollado han sido muy fuertes, y no tengo ninguna duda que para muchos de los que hoy están presentes, las expresiones por mí vertidas, les  han generado algunas interrogantes, que, sinceramente, no ha sido mi intención provocar.

La luz de la verdad sólo puede incomodar a quienes tienen su vida envuelta en las brumas y las tinieblas, el amor de Dios es el mejor colirio para nuestra visión espiritual, consultadle en oración y El les brindará el bálsamo que vuestra alma pueda precisar.

No quiero finalizar, sin antes dirigirme, a los millones de mujeres que tienen el privilegio de estar viviendo en los albores de este nuevo milenio, a aquellas que anhelan el ansiado día, en que concurrirán a los Templos, para sellar sus vidas por tiempo y eternidad, con el hombre amado de sus sueños más íntimos, el compañero con el cual criaran los hijos que nuestro Padre que está en los Cielos les envíe.

Amadas hermanas, ¿ saben ustedes que el matrimonio que se realiza en los templos son conformes a lo establecido para el matrimonio plural ?  ¿ que vuestra unión en exclusividad, con ese hombre amado , único compañero eterno que tendréis, es solamente por el tiempo en que  vosotras viváis en la vida terrenal ?

De hecho, y esta es una verdad irrefutable, todo varón casado en el templo, puede volver a hacerlo con otra mujer, una vez que su  compañera actual fallezca, que hay miles de estos casamientos plurales anualmente, que  muchos líderes actuales que han enviudado se han vuelto a casar por tiempo y eternidad con su nueva esposa.

Me pregunto, y les pregunto: Mujeres de Sión, ¿ vosotras sabéis y consistís en esto ?

Ahora, si vuestro sentido común y autoestima, les conduce a creer que esto no es posible que ocurra, que debe haber algún mal entendido, que la hermana Emma exagera en sus apreciaciones, que la doctrina de la iglesia protege a la mujer y que la institución de la familia, tal como la conocéis, es eterna y es parte esencial en el Plan de Dios, les invito a reflexionar sobre los siguientes pasajes de las escrituras:

“ Y reciba mi sierva Emma Smith a todas las que le han sido dadas a mi siervo José y que son virtuosas delante de mí; y las que no son puras, y han dicho que son puras, serán destruidas, dice Dios el Señor.

Porque yo soy el Señor tu Dios, y haz de obedecer mi voz; y le concedo a mi siervo José que sea mayordomo sobre muchas cosas; porque ha sido fiel sobre pocas, y yo lo fortaleceré de aquí en adelante.

Y le mando a mi sierva Emma Smith que permanezca y se una a mí siervo José, y a nadie más.

Pero si no quiere someterse a este mandamiento será destruida, dice el Señor; porque yo soy el Señor tu Dios, y la destruiré sino permanece en mi ley.

Pero si ella se niega a obedecer este mandamiento, entonces mi siervo José hara todas las cosas por ella, así como él ha dicho; y a él lo bendeciré y lo multiplicaré y le daré cien veces más en este mundo, de padres y madres, hermanos y hermanas, casas y terrenos, esposas e hijos, y coronas de vidas eternas en los mundos eternos.

Además, de cierto digo, perdónele mi sierva sus ofensas a mi siervo José; entonces se le perdonarán a ella sus ofensas con las que me ha ofendido; y yo, el Señor tu Dios, la bendeciré y la multiplicaré, y haré que su corazón se regocije.

Y además, no enajene sus bienes mi siervo José, no sea que venga un enemigo y lo destruya, porque Satanás procura destruir; pues soy el Señor tu Dios y él es mi siervo; y he aquí, estoy con él como estuve con Abraham tu padre, aún hasta su exaltación y gloria.

Ahora, tocante a la ley del sacerdocio, hay muchas cosas pertenecientes a ella.

De cierto, si algún hombre fuere llamado por mi Padre, como lo fue Aarón, por mi propia voz y por la voz del que me envió, y yo lo haya investido con las llaves del poder de este sacerdocio, si hiciere algo en mi nombre, conforme a mi ley y por mi palabra, no cometerá pecado y yo lo justificaré.

Por tanto, nadie censure a mi siervo José, pues yo lo justificaré; porque el hará el sacrificio que yo requiera de sus manos por sus transgresiones, dice el Señor tu Dios.

Y además, tocante a la ley del sacerdocio: Si un hombre se casa con una virgen y desea desposarse con otra, y la primera consiente, y él se casa con la segunda, y son vírgenes, y no han dado su palabra a ningún otro, entonces queda justificado; no puede cometer adulterio con lo que le pertenece a él y a nadie más.

Y si le son dadas diez vírgenes por esta ley, no puede cometer adulterio, porque a él le pertenecen y le son dadas; por tanto queda justificado.

Mas si una o cualquiera de las diez vírgenes, después de desposarse, recibe a otro hombre, ella ha cometido adulterio y será destruida; porque le son dadas a él para multiplicar y henchir la tierra, de acuerdo con mi mandamiento, y para cumplir la promesa dada por mi Padre antes de la fundación del mundo, y para su exaltación en los mundos eternos, a fin de que engendren las almas de los hombres; pues en esto se perpetúa la obra de mi Padre, a fin de que él sea glorificado.








Y además, de cierto, de cierto, te digo, si un hombre que tiene las llaves de este poder tiene una esposa, y le enseña la ley de mi sacerdocio en cuánto a estas cosas, entonces ella ha de creer y ministrarle, o será destruida, dice el Señor tu Dios; pues la destruiré; porque magnificaré mi nombre en todos los que reciban y permanezcan en mi ley.

Por tanto, me será lícito, si ella no acepta esta ley, que él reciba cuantas cosas yo, el Señor su Dios, le dé, porque ella no creyó ni le ministró conforme a mi palabra; y entonces ella llega a ser la transgresora; y él queda exento de la ley de Sara, la cual ministró a Abraham según la ley, cuando le mandé a él que tomara a Agar por esposa.”
                                                                       Doctrina y Convenios 132: 52 - 65

Esta es, entonces, la ley del sacerdocio con relación a las mujeres de Sión: Sometimiento, sometimiento y más sometimiento.

Mucho se les ha dicho sobre el Manifiesto que ha dejado sin efecto el casamiento polígamo, ¿ lo habéis leído ?

Permitidme leeros uno de los tres discursos del presidente Wilford Woodruff referentes al Manifiesto publicado en el año 1890:

“ He recibido algunas revelaciones recientemente, y de suma importancia para mí, y os diré lo que el Señor me ha dicho. permítaseme dirigir vuestra atención a lo que se conoce como el Manifiesto...

El Señor me ha dicho que haga una pregunta a los Santos de los Últimos Días, y también me ha dicho que si escuchan lo que yo les diga y contestan, por medio del Espíritu y poder de Dios, a la pregunta que les haga, todos responderán de la misma manera, y todos creerán lo mismo en lo referente a este asunto.

La pregunta es ésta: ¿ Cual es el rumbo más prudente que deben  seguir los Santos de los Últimos Días: continuar intentando llevar a la práctica el matrimonio plural con las leyes de la nación en contra de ella y la oposición de los sesenta millones de personas, y a costa de la confiscación y la pérdida de todos los templos, y la suspensión de todas las ordenanzas que en ellos se efectúan, tanto por los vivos como por los muertos.

Este es el listado de las esposas de José Smith que mantiene la iglesia (hasta donde se han registrado) jusnto a la edad que tenían cuando se casaron con José:
  1. Catherine WALKER -
  2. Sarah SCOTT -
  3. Sarah STILES -
  4. Desdemona Wadsworth – 33
  5. Sarah LAWRENCE – 17
  6. Mary Elizabeth ROLLINS – 24*
  7. Emma HALE – 22
  8. Amanda Melissa BARNES – 43**
  9. Sylvia Porter SESSIONS – 28* **
  10. Zina Diantha HUNTINGTON – 20*
  11. Mary HOUSTON – 28**
  12. Nancy Mariah WINCHESTER – 18**
  13. Helen Mar KIMBALL – 14
  14. Lucy WALKER – 17
  15. Rhoda RICHARDS – 59
  16. Eliza Roxey SNOW – 38
  17. Sarah Ann WHITNEY -17
  18. Martha MCBRIDE – 37
  19. Malissa LOTT – 19
  20. Fanny YOUNG – 56
  21. Prescendia Lathrop HUNTINGTON – 31*
  22. Sophronia Gray FROST -
  23. Melissa SNOW -
  24. Cordelia Calista MORLEY -
* Actualmente casada y su esposo con vida al momento de sellarse a José Smith
** Sellamiento vicario, efectuado luego de la muerte de José Smith
Es interesante notar que luego de la muerte de José Smith muchas de ellas fueron “asignadas a otro” (segundas, terceras nupcias aunque el esposo aún está con vida), interesante porque muestra más afinidad con la ley levítica del matrimonio entre “hermanos” de fe y evidencia un poco más el estilo de vida de los seguidores del principio. Para estudio personal puede seguirse el enlace a Family Search e investigar las nupcias de las esposas de Smith y sus subsiguientes esposos de los cuales se puede notar que continuaban con vida cuando fueron casadas a otro.
Fuente:
Family Search
Las Esposas de José Smith
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